A ti, estudiante de magisterio.

Si tuviera que darte un consejo, tú que estás estudiando magisterio…

Primero te diría que fueras paciente. La carrera comienza cuando acaba la que estás haciendo. Y para que te vayas haciendo a la idea, te dejo a la espera. Antes del consejo, esta anécdota te cuento:

Un estudiante de la ESO entra al aula donde ejerzo, en una academia de “refuerzo”. Sé que no quiere estar aquí, no tiene más opción que venir. Es lo que le toca, y como no podía ser de otra forma, sin ganas y enfadado escribe en el cuaderno. Para establecer conversación me acerco, y le digo “¡vaya letra tienes!, me cuesta leer… igualita que la de mi hermano”. Y como esperaba responde con cara de “me importa un huevo”. Más tarde vuelvo y le digo “pues hace poco me dijeron, que esa caligrafía es digna de un creativo, de hecho mi hermano es un artista”.

Al siguiente día, veo sobre su mesa y casi expuesta, su cartera que ha decorado. Pone claramente “puta mierda”. Lo esperado sería acercarme y enfadarme, decirle que eso no es apropiado. Sin embargo al finalizar la clase y como quien no lo ha pensado, le digo “así que puta mierda, ¿no? …¿por qué?”. Tras el evidente sonrojo, se recompone y dice lo que esperaba, que viene porque le tocaba y que quería así expresarlo. “¿No ves? tenía razón, pues sí que resulta que eres creativo… no a cualquiera se le ocurre escribirlo. Puede que vengas por obligación pero también puede que aprendas algo de todo esto.”, le sonrío.

Después de una semana viene con su cartera, ha tachado su anterior mensaje y lo ha llenado de dibujos y garabatos. Quizás no sólo haya entendido que voy a comprenderle si se siente asqueado, sino que voy a respetarlo y a echarle una mano. Quizás no sólo haya borrado esa frase, sino también lo que le llevó a escribirlo.

A ti que estás estudiando magisterio, te diría que de lo que más vas a aprender será de la experiencia. Que los libros te vendrán bien para abrir y cerrar interrogantes, pero que de donde sacarás más conocimiento será delante de tu clase.

Un consejo para cerrar, aprovecha tu butaca, y no te conformes con sólo criticar “este profesor es horrible, este temario infumable”. No te conformes y pregúntate el por qué, ¿qué cambiarías?. Toda experiencia, incluso la amarga, llévatela a tu interés y que te siva de aprendizaje. Y siempre que tengas opción, salta al escenario, acostúmbrate a exponerte, a experimentar y a equivocarte. Que es al final lo que un maestro hace: lanzarse, acertar o equivocarse, y volverlo a intentar.

 

 

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