¿Qué actividades de comunicación considero útiles? ¿por qué?

Si me preguntaran ¿cuáles de las siguientes actividades de comunicación me resultan más difíciles: leer , escribir, hablar y escuchar? No tendría ninguna duda: las dos últimas.
La mayoría de tareas que hacía en el aula se basaban la realización de traducciones, redacciones, resúmenes y lectura de textos. ¿Cómo es posible que en la enseñanza de idiomas no se fomente el uso de la lengua como medio de comunicación? ¿de qué me vale aprender una serie de estructuras gramaticales y vocabulario si no se cómo emplearla ni cuándo?
Conoco personas que saben hablar un idioma y no escribirlo ni leerlo. Ellas se desenvuelven perfectamente en la vida cotidiana. Es el caso de mi abuela, ha vivido 40 años en Holanda y es analfabeta. No sabe leer ni escribir (ni español ni holandes), sin embargo sabe hablar ambos idiomas.Su hijo menor, que nació allí, aprendió español ya que era la lengua que se utilizaba en casa. Él tampoco sabe escribirlo ni leerlo, y aún así, nos entendemos perfectamente cada vez que nos llamamos.
Por todo esto, considero que las actividades más útiles para aprender un idioma son todas aquellas relacionadas con el uso práctico de la lengua:

  • Hacer traducciones
  • Escribir redacciones
  • Ver fragmentos de películas
  • Leer noticias o artículosde periódicos y revistas
  • Hacer dramatizaciones (role plays

Cuando nos encontramos dentro de un contexto determinado en el que nos vemos “forzados” a utilizar la lengua como herramienta de comunicación nos damos cuenta de la importancia que tiene su aprendizaje, y nos permite conocer nuestro nivel. Además nos plantea interrogantes (por ejemplo: ¿cómo se dice ?, ¿cómo se traduce…?) que de otra manera no lo haríamos. Lo que pretendo es dejar a un lado el aprendizaje mecánico de un idioma (memorizo y escribo) y convertirlo en una tarea dinámica y entretenida.

Resumen no tan resumido…

Aquí me encuentro de nuevo, delante de un frío teclado. Estaba leyendo tranquilamente en la cama, no era mi intención acabar aquí ¡lo juro! Pero fue así, de repente, cuando he sentido esas ganas de volver a intentarlo, escribir algo. Creo que en esos momentos, y tan solo en esos momentos es cuando debería dejarme llevar, sacar las palabras justas que expresen lo que pienso.
¿Cómo lo he dejado tanto? Me pregunto. No es porque no tuviera nada que contar, al contrario. Podría haber escrito sobre como saqué la carrera a la primera, realizando un increíble esfuerzo el verano del año pasado (tanto memorístico/mental como emocional/psicológico). O sobre los meses que pasé a continuación estudiando en una academia para sacar la oposición. Y como más tarde, desanimada y contrariada con las injustas decisiones que se tomaban a la ligera (nuestros queridos representantes), deje de estudiar.
Podría haber escrito sobre lo difícil que fue tomar esa decisión cuando me había gastado el dinero de mi prestación del paro en esa academia. Y todo porque: era incapaz de concentrarme, incapaz de estudiar nada, de sacar mi creatividad a flote, de ir a por esa meta fijada.
También podría contar que acabé dando clases particulares a una pequeña de 7 años. De lo lista que era, y lo mucho que le gustaba escaquearse para jugar un poco conmigo. Algunas veces pensé que más que a una maestra, necesitaba a una amiga… Aprendí que ella restaba de una manera diferente a la tradicional (e igual de válida). Me sorprendió muchísimo (nadie le había enseñado). Curiosamente la madre pensaba que su hija era incapaz de hacer esta operación correctamente, que lo estaba haciendo mal. Y también me chocó que el último día que fui, se pillara un berrinche enorme por pura cabezonería (¡y justo cuando empiezo a conocerla, va y se acaba esto! Pensé).


¿Y qué más podría haber escrito? Pues de cómo al final acabé trabajando como cajera en un supermercado. Y aunque lo había hecho con anterioridad (gracias a ello pude pagarme la carrera), en esta ocasión estaba a jornada completa. Descubrí que sé vender (no lo había hecho en mi vida, y los resultados fueron sobresalientes), que tengo mucha resistencia física… pero no tanta emocional. No conseguí enfrentarme a situaciones complejas a las que me veía diariamente con una compañera (que me hacía sentirme pequeña pequeña, como me sentía en el instituto cuando me dejaban a un lado). De cómo eso, esa lucha interna constante(o me comportaba como los demás o me hundía) acabó finalmente en dejarlo.
Y ya nos vamos acercando más al presente, porque esto ocurrió hace menos de un mes. ¿Consecuencias de esa decisión? Por una parte un sentimiento de valentía y fortaleza que me aliviaba (había seguido mis principios y valores, a partir de ese momento iba a buscar un trabajo que me satisfaga). Por otra parte me sentía aterrada por haber creado una situación tan inestable… estar sin trabajo y sin paro (había tomado una decisión muy difícil, soy una persona muy trabajadora y soy consciente de la situación actual del país).
¿Qué hago desde entonces? Pues retomar cosas que había abandonado por completo. He echado currículum en guarderías, colegios y demás. He retomado la lectura (sobretodo libros relacionados con educación, psicología, filosofía,…). Me he matriculado por la UNED a Pedagogía a unas pocas asignaturas (para a ver que tal es, y si me gusta, ponerme a ello), y también a Inglés que estoy perdida perdida y lo necesito URGENTEMENTE.
¡Ah! Otra cosa que no paro de hacer últimamente es soñar. Creo que he soñado más cosas que he vivido. Soñé que aprobaría la carrera a la primera. Que aprobaría la oposición. Que encontraría trabajo como maestra. Que me iría a Holanda con mi pareja, que aprendería mi idioma nativo y que sería profesora de español durante unos años.
Soñé que me independizaría con mi pareja en un loft pequeñín para que en navidad pudiéramos colgar los calcetines que estoy tejiendo. Que aprendería inglés y que sería capaz de defenderme sola en el extranjero.
Hay gente que piensa que las cosas no me están saliendo bien, que podría haber tomado otras decisiones. Que lo tengo muy difícil, que no hay futuro. Yo les digo a esa gente, que mientras siga soñando tendré ganas de hacer cosas. Que seguro que llegaré lejos y que, aunque sé que será difícil, me siento fuerte para asumir las consecuencias de todos mis actos.

Aprobados en oposiciones, incompetentes en el aula.

Hace unos días una profesora de la universidad se quejaba del bajísimo nivel que tienen los actuales maestros “recién sacados del horno”. Lo que más la alarmaba era el constante y reiterativo uso del manual del profesor y la escasez de entusiasmo y creatividad en el aula.

En parte tenía razón, en las oposiciones no se miden del todo las cualidades que la persona tiene para “este puesto”… pero al igual que en la Universidad. Quise hacer de abogado del diablo, no me convencía su manera desmedida de degradar las capacidades de una joven que se le ocurrió (¡en qué mal momento!) realizar una actividad en clase: “Esto es un pueblo, ¿explica por qué?”. Mi profesora casi la tira de los pelos (exagero) a ver que la chica no explicaba previamente el significado de aquel término tan complicado. La profesora de la que os hablo nos confesaba que por ella, volvería a poner las oposiciones como las que superó (siguiendo el pensamiento masivo e invasivo de “antes las cosas iban mucho mejor que ahora”). Nos lo confesaba de tal manera que pareciera una amenaza. Sinceramente, no me da miedo que dificulten las pruebas que determinan mi futuro, supongo que me lo trabajare al máximo para superar cualquier barrera. ¿Se cree que somos tan cobardes que nos asusta con tales declaraciones? Yo no lo soy, tengo bien claras mis expectativas, mis intenciones. Y no renuncié a objetar.

En primer lugar creo que son muy pocas las personas que son capaces nada más salir de la Universidad realizar su oficio a la perfección. Más que nada porque le hace falta algo imprescindible en este campo, experiencia. Como me dijeron en clase una vez “Enseñar se aprende enseñando”. El fin no justifica los medios. El fin son los medios… Y no quiero con esto menospreciar, ¡qué disparate si así lo fuera!, a los que sin experiencia sean capaces de tomar las mejores decisiones en el aula, de manera casi intuitiva. Es más, les tengo una gran admiración y espero en un futuro seguir sus pasos.

Hablando en plata, no creo que su decisión fuese la correcta (realizar una práctica sin explicar unos conocimientos básicos, porque aturde al alumno al no conocer la respuesta). Pero también pienso que hay que darla tiempo para que aprenda por sí misma. Por favor, confiemos en nuestros futuros docentes (supongo que dará igual comentarlo en un blog, pero en fin, me animo a mi misma a no hacer caso a estos comentarios pesimistas). Además creo que este NO es un problema de la actualidad. He tenido maestros muy perdidos sin el libro del profesor. A lo que me dió razón y me contestó brevemente, casi mandandome callar “Ya..”

Y seguía con el lema de lo mal que van las cosas ahora. Me parece bien que nos adviertan te posibles fallos que podemos realizar, pero de esa forma…no lo creo. Luego se refirió a como deberíamos explicar las cosas. Si siguiendo el libro encomendado por el colegio/ministerio o si era mejor que profundizaramos más en los temarios y que así, aprendierán menos pero bien y no tanto pero mal y liado. Le di la razón en esto, es mucho más productivo explicar las cosas con detenimiento que rápido y mal. Pero no podemos dar el temario a nuestro libre albedrio, porque nuestro alumno el año que viene no lo será y estará con otro profesor que tendrá que seguir el temario del libro. Y también, si dieramos total libertad al profesor para exponer contenidos, veríamos claramente sus preferencias en cuanto materia, cuando le dedique 3 horas a conocimiento del medio y solo 1 a matemáticas. En este punto, una chica intervenió y la dijo que conoce a un profesor especializado en educación física y que le han puesto como profesor de matemáticas. ¿No será culpa de la administración? A lo que respondió: ” si nos pusieramos a contarlo todo, pues muchas personas intervienen…” Entonces… ¡no le echemos todas las culpas a una persona! Analicemos todos los agentes que repercuten a que estas cosas ocurran. Y no os cuento como se puso cuando le dije “¿y no será porque salimos con una mala formación de la universidad?”. Ahí dijo que mejor no hablaba, porque lo conocía en primera persona.

Con relación a Bolonia, supongo que se mejorará en este sentido la cosa ya que las especialidades se “alian” para que el profesor tenga una idea “global” de todas estas carreras. Ya lo veremos. Viendo que la profesora no nos daba respuestas que me satisfacieran, fui directa y la pregunte si el colegio nos exigía el empleo de un determinado libro en el aula. Me respondió con un rotundo “No”, casi riéndose. Continuo diciéndonos (no se si venía a cuento, o es que solo quería hablar y no quería más preguntas) : “¡pero no importan tanto los conocimientos!, lo importante es que el profesor de la suficiente confianza al niño para que éste se sienta agusto en clase y atienda. ¡Os creeis que un profesor no conocía a los padres de un alumno después de dos años!” (de nuevo quejándose) “Es imprescindible que en las tutorías los niños cuenten sus problemas al tutor. Y eso no pasa. Ahora hay que ganarse a los niños de esta manera, porque ANTES ya veníamos educaditos de casa pero AHORA no, y tenemos que conseguir atraer su atención”. La interrumpi, sin obtener resultados porque pareció que no me entendió. O yo me explico mal, o es que no quería darme la razón. La dije lo siguiente: “Usted nos está diciéndo que actualmente debemos dedicar más tiempo en el aula a la relación entre profesor-alumno, ya que los niños están desmotivados. Y que además, deberíamos llamar su atención y conseguir su confianza. ¿No será por estas cosas por las cuales el profesor no obtiene tiempo para dar todo el temario, y por lo tanto halla fracaso escolar?”. Claro que hay que profundizar en los contenidos, claro que hay que llamar su atención. Claro que debemos ganarnos su confianza y darles apoyo. Claro que hay que motivarlos. Pero está claro que si realizaramos todas estas cosas, el niño se pasaría todo el día en la clase. ¡Hasta le podríamos dar las buenas noches y contarles un cuento!

Madera de héroes

A continuación escribiré mi opinión personal sobre un artículo de María Menéndez llamado “Madera de Héroes”. En él narra el aprecio que tiene a una profesora que le dió clase en primaria. Explica cómo su trabajo la va consumiendo más y más al pasar los años.

Philippe Meirieu en su obra Carta a un joven profesor dice:
“Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta al saber”.
Pienso que tiene mucha razón. Un claro ejemplo de tal pensamiento es el texto de María Menéndez Ponte. Ella, al igual que muchos docentes, encuentra su vocación gracias a un profesor que le ha influido en gran medida, tanto en su infancia como en su vida personal.

“En el fondo de nuestra vocación hay un encuentro creador de todo”. Pienso que es fundamental tener ideales para guiar nuestros pasos. En cierto modo, vemos reflejados nuestro deseo en los actos de una persona a su vez que vemos en sus actuaciones nuestro sueño profesional. Pero no debemos olvidar lo rápido que cambian los tiempos, y por eso debemos encontrar variables metodológicas acorde a las peticiones que nos pide la Sociedad. Es bueno aprender actitudes de profesores que nos han parecido interesantes y eficaces, pero también hay que innovarlas. Considero que, por lo tanto, en nuestra profesión nunca se debe delimitar nuestras capacidades. Lo que narra la escritora respecto al comportamiento de los alumnos en la etapa secundaria, lamentablemente, es una gran realidad. Tengo un hermano que está cursando 3º de la E.S.O y según lo que me cuenta, hay más delincuencia y descontrol en el instituto que cuando yo estudiaba.

Pienso que es muy difícil obtener aceptación y respeto de los adolescentes en la Sociedad actual. Los profesores ahora tienen que realizar infinidad de tareas que antiguamente estaban a cargo de la familia. Tampoco considero que el entorno más cercano al niño sea la única responsable de la Educación del niño, lo que quiero decir es que la enseñanza es un proyecto en el que deberían colaborar, en conjunto, varios agentes de acuerdo a su principal finalidad: el desarrollo cognitivo, emocional, psicológico y moral del educando. Desde luego que para ser maestro hay que tener madera de héroes. Pero no sólo los profesores, sino también los padres. Paciencia, perseverancia, constancia, optimismo, y lo más importante, no olvidar jamás el motivo de nuestro trabajo. Hace tiempo pregunté a una escritora de libros infantiles y una gran persona: ¿Cómo soportar tantas presiones, tantas dificultades en el aula? “¿Podré ser capaz de tener la paciencia suficiente para ser constante en mi profesión?”… A lo que me contestó:
“Da igual cuantas barreras tengas que saltar en la carrera, no importa si te tropiezas una y otra vez.
Lo que NUNCA, NUNCA debes olvidar es la meta, el motivo de todo tu esfuerzo y empeño.”

Las etiquetas para los productos

¿Se imagina un centro comercial en el cual ninguno de los productos tuviera etiquetas? ¿A qué tardaría más en comprar lo que le interesa? El hecho de que estos productos tengan etiquetas tiene su razón lógica, nos informa del precio que tiene, la marca a la que pertenece, y nos señala cuales son sus componentes. Al fin y al cabo, es una manera productiva de ahorrar tiempo y esfuerzo a la hora de elegir entre todas las cosas que se nos ofertan en una gran superficie. Uno va a la tienda con una idea predeterminada de las cosas que se llevará a casa. Ahora, ¿a qué sería una locura que cada uno de nosotros anduviéramos por la calle con una pegatina en la frente en la que se nos describiera superficialmente? Entonces ¿a qué viene esa manía de los adultos para etiquetar a los más pequeños?, ¿cómo nos consideramos con el derecho de reducir tan solo a una cualidad a toda una persona?
Esta forma de hablar la tenemos casi todas las personas y no se sabe muy bien el por qué de su razón. Casi todo el mundo ha sufrido las consecuencias de su utilización sin embargo, ninguno aprende de ello y deja de hacerlo cuando tiene la oportunidad.
“¡Este niño es más trasto! Su hermana sin embargo, es mucho más tranquila”. “¡Eres un desastre! No me extraña que tengas tan pocos amigos”.
Una cuestión fundamental es: ¿por qué etiquetamos? He pensado tres posibles respuestas:


  • Porque al situarnos en una posición superior al de otra persona (padres, profesores,…), nos creemos con el derecho de juzgarla.

  • Porque recibimos esas expresiones en nuestra infancia, y creemos que es adecuado repetirlas para formar una educación semejante a la que obtuvimos nosotros.

  • Porque somos inconscientes de las repercusiones que estos juicios pueden acarrear al individuo afectado.


¿Qué efectos se consiguen si etiquetamos?


  • “El niño aprende a pensar que su conducta es sinónimo de su persona”. “Cuando el valor personal depende de la realización, está sujeto a cancelación ante cada paso erróneo”.- Dorothy Corkille-
    En vez de juzgar a la otra persona en su totalidad, hay que mencionar el acto en cuestión que realiza mal, o expresar que aquello que hace nos afecta. “Casi siempre se nos valora por lo que hacemos, y no por el hecho de que existamos”

  • El niño no se siente apreciado. “Los juicios son cortinas de humo que impiden el paso del amor”. “Los niños sobreviven en la aceptación, pero no florecen en ella”.- Dorothy Corkille-
    El hecho de posicionarnos como jueces crea una distancia en la relación entre ambas personas. El niño puede sentirse aceptado pero nunca apreciado en estas circunstancias.

  • El niño no se siente comprendido. “En nuestra mayor parte, no somos irrespetuosos voluntariamente. Ocurre simplemente que olvidamos ponernos en el lugar de los niños” “La empatía consiste en oír con el corazón y no con el cerebro” “La empatía ayuda a dejar los juicios de lado”.- Dorothy Corkille-


¿Cómo evitar esta forma de expresión?

Sólo manifestar desacuerdo por las actitudes que pueden ser molestas del niño (su conducta).

Darle a conocer que los comportamientos pueden cambiar y mejorar con nuestro esfuerzo, pero lo que realmente no queremos es cambiar su personalidad o sus cualidades.

Expresarle nuestra aceptación y aprecio y hacerle comprender que nos importa y afecta sus comportamientos, sentimientos y pensamientos.

Antes de educadores, padres o tutores somos personas, y es imprescindible hacerles comprender a nuestros alumnos/as de nuestra condición. Etiquetar a los pequeños es una mala actitud que tenemos muchos adultos, y podemos evitarla con nuestro esfuerzo. Si somos capaces de cambiar aún siendo ya mayores, ¡qué ejemplo estaríamos dando de perfeccionamiento a nuestros pequeños! No exijamos a los niños lo que no somos capaces de realizar nosotros mismos.

Me gustaría finalizar esta entrada con una cita sacada del libro (al igual que las demás citas) “El niño feliz” de Dorothy Corkille:

“Si tratara yo a mis amigos como lo hago con mis hijos, ¿cuántos amigos tendría?”

Psicoballet.

Ayer en clase de Bases Psicopedagógicas de la Educación Especial vi un video que me emocionó en más de una ocasión. Trataba de un centro de deficientes mentales que se expresaban mediante la danza y el baile. El aprendizaje parte desde ellos mismos, desde sus propias capacidades. Esto hace que el individuo no se frustre tanto ya que no se le exige más de lo que pueda o quiera hacer. Os adjunto un resúmen del video. En él aparecen como narradores principales Matilde (una profesional de la danza), el director de teatro y una psicóloga. Ésta dice que se sorprendió ante la idea de Matilde de hacer esta actividad, ya que la psicología hasta entonces se entendía como el estudio “exclusivo” de las deficiencias de estos individuos pero nunca desde lo que podrían llegar a avanzar, ni desarrollar como personas. Mediante este proyecto se dan cuenta que personas con tales “retrasos” son capaces de mejorar sus cualidades o emplearlas para su expresión ya que rompen su barrera emocional que tenían hasta el momento. Son capaces de memorizar y coordinar sus pasos como los de sus compañeros durante toda la representación.

“Se une el arte con la psicología” “Medicina para el alma” “Abandonar las creencias de la psicología para centrarnos en el arte”, “la silla de ruedas se deja en el vestuario”,…”Es realmente conmovedor ver como poco a poco se van desenvolviendo en la vida. Se convierten en personas independientes más felices, porque hacen las cosas por ellos mismos” Es cierto lo que dicen, ¡vale que tengan una deficiencia! pero tienen derecho a expresar lo que sienten o piensen. Dejemos de repetirles lo que no pueden hacer. Tiene derecho a ser libres.

Muchos padres, como mencionan en el video, quieren que sus hijos sean libres para que hagan lo que quieren que hagan. Sin embargo, en este centro se les ayuda a que hagan las cosas, y si lo necesita pues se les acompaña. “Permitir que sean distintos”

Este niño funciona así

El pasado fin de semana, unos amigos me preguntaron en qué medida puede influir un profesor en el desarrollo del niño y cuál es su limitación al respecto. En contestación diré que un profesor desde que desea serlo debe tener muy en cuenta la influencia que va a ejercer sobre el alumno. Ésta no es tarea fácil, es más si piensas que vas a estar libre de cargos y responsabilidades, te digo que ésta no es tu profesión. Quien se piensa que el profesor solo tiene que llevarse bien con los niños, ser un “colega”, está muy confundido.
Las limitaciones en este campo, yo las consideraría más bien morales. Cada profesor decidirá cuánto va a poner de su parte en la relación educativa y hasta que punto va a dedicar sus esfuerzos al aula.
¿Por qué un profesor tiene que influir? La razón fundamental es que le importa el desarrollo del niño. Si nos diera igual lo que le suceda al alumno y qué va a ser de él, sólo nos centraríamos en la transmisión de conocimientos. Pero la Educación es mucho más que eso, es más que aprender contenidos o conceptos, también es aprender valores morales.
Si un profesor influye en el alumno, ¿ya se le puede considerar buen profesor? Esta claro que no, una persona puede influir tanto para el bien del alumno como para sí mismo. La función principal del profesor no es beneficiarse del acto educativo. Siempre será el alumno quién recibirá las “ganancias” de la Enseñanza.
Esto me recuerda lo que me sucedió el día que fui al Museo Reina Sofia con un grupo de 20 niños de 4 a 10 años. Acompañaba a las coordinadoras juveniles de mi localidad, mi función como monitora voluntaria era organizar los grupos, estar pendientes de los chavales y hacer todo aquello que la situación me “pidiera”.
Cuando subimos al museo teníamos que hacer una gran fila india. Uno de los niños no hizo caso. Había pasado toda la mañana aislado del grupo aún teniendo a su hermano pequeño en él. Siempre miraba al suelo y no quería hablar con nadie. Una de las coordinadoras le agarró del brazo y dándole un tirón dijo: “Laura, Este niño funciona así”. Me había visto observándolo y quería darme una lección de “cómo” actuar con este “tipo” de niños. Su forma de “resolver” la situación no me gustó en absoluto. Está claro que es la manera más fácil de arreglar el problema (llevar el control sobre todo el grupo, para que ninguno se perdiera). Aún así, ella era más mayor que yo, y por lo tanto me ganaba en experiencia y también…¿en sabiduría? No lo sé, pero opté por seguir observando la situación y comprender de alguna forma la actitud que tenía el chico en relación al grupo.
Era un niño de unos 7 años. Tenía los ojos muy cerrados y unas ojeras de espanto. Me parecía un tanto siniestro el aspecto que tenía, quizá por el contraste de su piel blanca con las ojeras moradas. Le había preguntado varias veces su nombre pero no me respondía. Estaba claro que prestarle atención no le gustaba en absoluto, se sentía intimidado. Quería que le diera un poco de espacio.
Fue en el ascensor cuando se me ocurrió comentar algo. No me pregunteis cómo se me ocurrió, lo que tengo claro es que si lo dije fue por que sabía que iba a hacer efecto en él aunque no sabía muy bien de qué tipo. Dije lo siguiente:
“Dios, que altos estamos desde aquí ¿verdad? ¡Madre Mia! Y que enanas son esas personas de allí, ¡Si parecen hormigas!”
Y fue entonces cuando vi, por primera vez en toda la mañana una reacción en él, se reía tímidamente. Me llamó la atención su sonrisa un tanto pícara. Cogí al vuelo que ese era el tipo de bromas que le gustaban a él. Aún así, no hice ninguna muestra que reflejara mi interés hacia él.
Fue a la salida cuando ocurrió lo más sorprendente de toda la mañana, tuve mi primera conversación con él. Y en tres frases descubrí el meollo del asunto. Cuando salimos del museo era “la hora del bocadillo”, un recreo pero en la entrada del Reina Sofia. Estaba preocupada ya que había una exposición de Arte Contemporáneo algo peligrosa para los niños. Consistía en unas infraestructuras de hierro que giraban en torno a sí mismas. El niño del cual os hablo, fue el primero que se acercó a ellas, y los demás no tardarón en seguirle. Para alejarlos de allí, y conociendo el humor del chico dije:
“¡Cuidado! ¡¡¡No os pongais tan cerca de esos barrotes!!! Porque os pasará lo mismo que a mi pobre amigo Fran” Lo dije dramatizando bastante y todos los niños contestarón: “¿y qué le pasó?”
“Pues de taaanto acercarse a eso que estais viendo, se hizo un chichon enooorme en la cabeza, ¡tan grande!, ¡tan grande! ¡Que luego no le entraba la gorra!” contesté. Todos se rieron y se fueron del sitio, menos ese niño que me contestó: “Claro, y te revienta la cabeza. Y se te sale el cerebro, y llenas a los demás de sangre”
Nunca le había visto tan animado. No escatimaba en detalles. Sinceramente, estaba realmente asustada por las barbaridades que me estaba contando, pero en el fondo me alegré de que fuera capaz de expresarse. Que se sintiera a gusto hablando con alguien. Le pregunte: “¿Cómo es qué tienes tanta imaginación?” a lo que me contestó: “Es que por la noche mi padre me deja ver la tele hasta muy tarde, y veo muchas películas de miedo.”
Creo que no cuesta tanto escuchar a un niño que pide ser escuchado. Solo hay que tener un poco de tacto.
En relación a la introducción que he dado, en esta experiencia se muestran 3 maneras de influir al chico: la que ejerce la coordinadora (que le da el tirón en el brazo para que RÁPIDAMENTE se incorporé al grupo), su padre (que le pone el televisor en vez de contarle un cuento antes de dormir) y yo (al hacerle bromas de ese tipo, escuchándolo y sin mostrar en ningún momento rechazo por sus comentarios).

A Margarita Robleda

Escritora de libros infantiles, y más que eso, una bellísima persona. Lleno el año pasado la clase de alegría con sus metáforas, con sus pequeños cuentos y adivinanzas. Aquí os dejo su dirección:
http://www.margaritarobleda.blogspot.com/ … y algo más, un comentario que la escribi hace tiempo. Quizás así vivais un poco más de cerca este recuerdo.

¡WUAUUUUUUU! y me convertí en perro.¡ Sí! fui una de las alumnas que cambió sus ojos por platos para llenarse del delicioso manjar que es la vitalidad que nos transmitiste. Sí, me pareció deliciosa tu conversación y no era más que este articulo no estuviera a su altura. Te contaré un secreto Margarita, yo no soy ranita, soy una ardilla que se queda embobada en las alturas viendo las pocas personas que pasean felices por los parques, ¡¿ pero cuándo nos daremos cuenta de lo que tenemos a nuestro lado!? solo nos fijamos en lo malo, ¿no es cierto?

Fan de Amelie, soy de las que persiguen los detalles, que son la esencia de la vida… ¡¿qué es de ella sin una sonrisa, una mirada…esas pequeñas cosas que pasan tan inadvertido?! Soy una esponja que se llena de gotitas que va conociendo por el camino. Tan fuerte cuando se empapa, tan frágil cuando la vacían.

Te hice una pregunta: “¿Qué pasa si intentas ver las cosas, aunque sean muy difíciles, posibles?¿no es verdad que mucha gente te dice que tires la toalla?” Estando tan sola de monitora ya escuche esto más de una vez “déjalo, el niño es así”, “él entiende por castigos”, imagínate cuando sea “profesora-novata” llena de ilusión por la enseñanza. Me regalaste una respuesta, una frase que guardo como oro en paño y que en tan solo unos meses ya varias veces he mencionado: “Aunque la carrera sea díficil, aunque esté llena de obstáculos… lo último que tienes que olvidar es la meta”

Yo te regalo un ladrido de perro ¡WUAUUUUUUU! y si tú me permites, un dibujo sobre el cuento que tu prefieras. Sería un honor dedicarte uno.

Receta para ser un buen profesor

Llevo desde el primer día de clase de Bases pedagógicas de la Educación queriendo escribir esta “entrada” a raíz de conocer los 10 mandamientos de Luis Pumares. Se trata de una pequeña receta que he inventado y en la que se consigue un excelente pastel… quiero decir docente.
Los ingredientes son los siguientes:


  • 1 vaso de vocación.

  • 5 cucharadas de cercanía emocional.

  • 50 gramos de conocimientos.

  • Dinamismo (cuanto más mejor).

  • cucharadas de optimismo.

  • 50 gramos de comprensión.

  • 50 gramos de paciencia.

  • Virutas de creatividad y entusiasmo.


En un bol mezclar los ingredientes claves para realizar el bizcocho: 1 vaso de vocación y 5 cucharadas de cercanía emocional. Dichos elementos deben ir bien mezclados para obtener una buena base sobre la que se echarán los demás ingredientes.
Mientras que la base toma su forma en el horno, batir con esmero y consistencia 50 gramos de conocimientos y todo el dinamismo que tengamos en la cocina. Hay que tener cuidado de que no se corte dicha mezcla, ya que si echamos a perder el dinamismo podríamos formar un maestro tradicional que realizaría la misma metodología durante su vida laboral, y no queremos eso.
Una vez sacamos el bizcocho del horno, lo cortamos por la mitad para llenarlo de la crema realizada anteriormente.
En otro recipiente mezclaremos 3 cucharadas de optimismo, 50 gramos de comprensión y 50 gramos de paciencia. Con el resultado bañaremos el pastel y lo dejaremos enfriar en el frigorífico, de tal manera que todos los componentes del bizcocho queden consistentes, manteniendo sus propiedades.
Cuando saquemos el pastel adornaremos la superficie con virutas de creatividad y entusiasmo.
¡Y ya tenemos a un docente bien fresquito, listo para realizar su tarea educativa!nn

Mi experiencia educativa como alumna

Sinceramente, de todos los docentes que he conocido durante mi vida son pocos los que me hayan marcado significativamente.
En Educación Primaria tuve de profesor a Luis que fue mi tutor durante 2 años. Todas mis compañeras estaban enamoradas de él y no es de extrañar, era muy bueno con nosotr@s. Nos animaba a estudiar, era muy simpático y daba un trato especial a cada uno de nosotros.
En 6º de Primaria todo esto cambio, nos tocó con Máximo (el director en ese momento). Era bastante antipático y estricto, nos exigía muchos conocimientos y nos sentíamos frustrados porque no alcanzábamos el ritmo que nos imponía. Pasábamos por tales presiones que nuestros padres se reunieron con él. Éste justificaba su manera de enseñar a que “debíamos estar preparados para el instituto”. Actualmente no recuerdo nada de lo que tuve que memorizar durante esos años.
Más tarde en 2º de la E.S.O tuve una profesora también con bastante carácter: Trinidad Jimenez. Nos daba Lengua y Literatura Española. Nos exigía mucho en las clases, sin embargo no de la misma manera que Máximo. No se conformaba con lo 1º que hacíamos, nos decía que teníamos que buscar más en nosotros mismos para sacar los resultados acorde con nuestras capacidades reales. En ese momento no se me daba muy bien la sintaxis. Ella no se rindió conmigo. Cuanto más me quejaba: “No se me da bien, no me gusta,…” más ejercicios me mandaba, más me explicaba y más me sacaba a la pizarra. Gracias a ello, saqué excelentes resultados en sintaxis en los años posteriores, incluso en bachillerato y en periodismo (sin apenas tocar un libro desde entonces). Gracias a ella, me empezaron a atraer las letras.
En ese mismo año tuve de tutor a Juan Antonio Alvarado, una de las personas más influyentes en mi vida académica. No se me olvidará lo que dijo el primer día nada más entrar al aula: “Soy vuestro tutor. Quiero que me habléis de usted, porque es una muestra de respeto hacia mi persona. Quiero que me respetéis como yo os respetaré a vosotros”. ¡Quién diría que tras esa apariencia de hombre autoritario había un docente recién sacado de la facultad con unas ganas tremendas de sacar lo mejor de nosotros! También nos mandaba muchas tareas. Consiguió que nos tomáramos los estudios como una competición en la que el único rival somos nosotros mismos, en la que la meta era apreciar la etapa educativa como medio para aprender sobre la vida, la naturaleza,… En esos momentos no sabía que quiera ser de mayor así que le pregunte: “Mis padres quieren que sea administrativa, ¿eso esta bien?” A lo que me respondió “Tú puedes hacer mucho más que eso”. Esa misma tarde, sentada en el sofá mirando las noticias me dije: “¿y periodista?”. Cuando se lo comenté a mi tutor me respondió “me parece estupendo, Laura. Es un oficio muy bonito en el que aprenderás muchísimo”. Algunas personas se cuestionarán si realmente estas palabras pudieron provocar en mí tal influencia como para decidir mi futuro oficio, pero ya les digo que si fue así. Desde entonces lo sabía, quería ser periodista. Y lo que tenía aún más claro, quería dedicarme a algo en el que todos los días aprendiera cosas nuevas. Gracias a Luis, Trini y Juan descubrí el amor al saber.
Los años siguientes tuve muchos profesores, pero ninguno de ellos me influyó. De algún modo acabaron pasando por mi “colador personal”, es decir, sólo aparecieron en mi vida en un momento educativo y cuando éste finalizó también lo hicieron en mi recuerdo.
El siguiente docente influyente en mi vida “vive en esta casa”: David Reyero. Después de un año, perdida en Periodismo, encontré mi verdadera vocación gracias a mi experiencia como monitora. A mi parecer, no hay otra manera de saber que esto es lo nuestro que mediante la práctica educativa. El año pasado David me dio Teorías e Instituciones Contemporáneas de la Educación y consiguió que me interesara por una asignatura que a primera vista parecía horrible. Debatí, reflexioné, escribí mis planteamientos a raíz de sus clases. Empecé a leer sobre Educación fuera de estas paredes y descubrí un mundo abierto a infinidad de saberes, perspectivas, posibilidades. Mediante la lectura de autores señalados en este campo me di cuenta de que había cosas de las que ya se había escrito antes de que me las planteara. De que no somos tan distintos a pesar de corresponder a distintas épocas, sociedades y de tener diferente edad. Al final tenemos cuestiones y dilemas semejantes. Empecé a indagar más en mi futura profesión desde un punto de vista pedagógico, incluso llegué a plantearme continuar mis estudios una vez terminada la carrera: pedagogía, educación especial,… ¿quizás doctorarme? Él me dijo una vez algo que no olvidaré jamás: “Quizás la Sociedad pierda más si te quedaras en esta facultad. Hacen falta buenos maestros, créeme”. Es cierto, si no partimos desde la base estamos perdidos. Es fundamental que hayan docentes animados, creativos, entusiastas, ilusionados en Educación Primaria (aunque también haga falta en esta facultad).
Miguel Ángel decía que la obra de arte se escondía dentro del bloque de mármol, que él únicamente se encargaba de quitar lo restante. Puede ser que estas personas me hayan librado de esos residuos que me hacía sentirme vacía. Consiguieron hacerme ver las cualidades que tengo y me dieron fuerzas para expresarme sin temor a ser rechazada.
Gracias a estos docentes y otros tantos más, tengo el deseo de transmitir esta pasión por el aprendizaje, algo mucho más transcendental que los meros conocimientos memorísticos.

Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta del saber. Nosotros somos los encargados de hacer vivir a los demás el acto creador que hemos vivido.-Philippe Meirieu-