Continuación de “El vaso de la paciencia”

Os hablé hace unos días de una técnica que está en fase de experimentación con mi alumna: “El calendario de las caritas”. Con ese título mi trabajo pierde un poco de seriedad (nota mental: inventar un nombre más propio de las ciencias experimentales).

Me parecía interesante compartir con vosotros lo que he vivido hoy con ella. Cuando entro en su habitación suelo preguntarla un poco sobre qué tal le han ido las cosas estos días, los exámenes y demás. En seguida nos tenemos que poner con la materia porque la hora y media se pasa volando. El último día fue cuando empecé a utilizar con ella este calendario especial. Decidí no comentarla nada para que fuera ella la que diera el primer paso.

¡Justo! Nada mas sentarme me dice “¿y el cuaderno de caritas? lo quiero tener aquí a mi ladito para verlo bien”. Primer reto conseguido. Mi objetivo con este ejercicio es que (a parte de que se comporte bien y facilite las clases) se vaya haciendo autónoma. Ella es la que debe asumir una serie de normas que va a imponerse ella misma. Hay gente que piensa que los niños no tienen maldad, o que “no saben lo que hacen”. Yo en muchas ocasiones trato a los niños como adultos, porque realmente ellos quieren ser escuchados como tales (no les gusta que se les hable desde las alturas). Solo hay que buscar las palabras adecuadas, hacer las preguntas justas para que el alumno por si mismo construya el pensamiento que pretendemos.

¿En qué punto de mi vida me he vuelto una manipuladora de pequeños? ¿manipuladora o persona que ejerce influencia? ¿sin influencia es posible educar? ¿cuáles son los límites que separan la enseñanza del adoctrinamiento?

Menos palabrarería, que lía ¿no? Resultados a día de hoy: estupendos. Si os digo que en toda la clase no ha jugado ni una sola vez con la silla ¿os lo creeis? Pues no ha hecho falta decírselo ni una sola vez, sin embargo, ella sabía (al igual que yo) que eso estaba dentro de la lista “carita triste”. No me ha insultado, ha hecho los deberes genial y se ha esforzado muchísimo por entender los problemas (que le cuesta un poquito más). Con todo esto no he tenido otra opción, le he pedido que escriba lo que había hecho bueno en la lista buena. Como podeis observar en la imagen, le ha puesto una gorrita (es su sello personal^^).

Entonces ¿hoy fue todo maravilloso? Pues no. En mitad de una explicación me interrumpió para contarme algo que no venía a cuento y encima se tira un eructo en mi cara (literal u.u”).

Le pido que lo escriba en la lista “mala” y se cruzó de brazos (se enfurruñó como otras veces). No había manera, no quería saber nada más de nada. Le pregunto “¿es que acaso crees que lo que has hecho está bien?”, “si pones las cosas buenas ¿no deberías hacer lo mismo con lo malo?” “¿no te gusta el juego?” ” ¿es que acaso me odias?” Sí, me pongo melodramática un poco… para ver como reacciona.

Me negaba todo el rato, pero tampoco quería hablar. Otras veces he cambiado de tema y le he sacado una sonrisa para poder seguir con la tarea. Esta vez tenía que ser distinto, esto tenía que avanzar. Así que di en la clave “tienes que tener confianza en mí. No se que te pasa, sé que piensas algo porque has cambiado por completo en un momento. Me gustaría que me lo dijeras, por favor”.

¿Sabéis lo que le pasaba? Me siento estúpida por no haberlo pensado antes, como he sido tan ciega. Tenía miedo de que se lo enseñara a su madre. No era porque el juego le pareciera una tontería, no era porque considerara las reglas injustas, ni porque tuviera reparo en escribir las cosas que hace mal. Tenía miedo a que me chivara. No quería escribirlo con su letra porque eso haría evidente que reconoce ese fallo y no podría inventarse ninguna escusa a ojos de sus padres.

A su madre solo le digo el comportamiento general que ha tenido en la clase, y eso es lo que le he contado a mi alumna. Así que hemos acordado que desde el próximo día ella va a ser la protagonista y autora del cuaderno, y de ahí no va a salir. Este es nuestro gran secreto ;)

Como dato curioso: cuando termina la clase siempre charlo un rato con su madre. Hoy ha sido la primera vez que la pequeña nos ha espiado desde las escaleras y cuando ha visto que solo decía cosas buenas de ella se ha acercado con una sonrisa de oreja a oreja. Tengo muy buenas vibraciones, creo que he conseguido dar un paso importante.

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