Mi experiencia educativa como alumna

Sinceramente, de todos los docentes que he conocido durante mi vida son pocos los que me hayan marcado significativamente.
En Educación Primaria tuve de profesor a Luis que fue mi tutor durante 2 años. Todas mis compañeras estaban enamoradas de él y no es de extrañar, era muy bueno con nosotr@s. Nos animaba a estudiar, era muy simpático y daba un trato especial a cada uno de nosotros.
En 6º de Primaria todo esto cambio, nos tocó con Máximo (el director en ese momento). Era bastante antipático y estricto, nos exigía muchos conocimientos y nos sentíamos frustrados porque no alcanzábamos el ritmo que nos imponía. Pasábamos por tales presiones que nuestros padres se reunieron con él. Éste justificaba su manera de enseñar a que “debíamos estar preparados para el instituto”. Actualmente no recuerdo nada de lo que tuve que memorizar durante esos años.
Más tarde en 2º de la E.S.O tuve una profesora también con bastante carácter: Trinidad Jimenez. Nos daba Lengua y Literatura Española. Nos exigía mucho en las clases, sin embargo no de la misma manera que Máximo. No se conformaba con lo 1º que hacíamos, nos decía que teníamos que buscar más en nosotros mismos para sacar los resultados acorde con nuestras capacidades reales. En ese momento no se me daba muy bien la sintaxis. Ella no se rindió conmigo. Cuanto más me quejaba: “No se me da bien, no me gusta,…” más ejercicios me mandaba, más me explicaba y más me sacaba a la pizarra. Gracias a ello, saqué excelentes resultados en sintaxis en los años posteriores, incluso en bachillerato y en periodismo (sin apenas tocar un libro desde entonces). Gracias a ella, me empezaron a atraer las letras.
En ese mismo año tuve de tutor a Juan Antonio Alvarado, una de las personas más influyentes en mi vida académica. No se me olvidará lo que dijo el primer día nada más entrar al aula: “Soy vuestro tutor. Quiero que me habléis de usted, porque es una muestra de respeto hacia mi persona. Quiero que me respetéis como yo os respetaré a vosotros”. ¡Quién diría que tras esa apariencia de hombre autoritario había un docente recién sacado de la facultad con unas ganas tremendas de sacar lo mejor de nosotros! También nos mandaba muchas tareas. Consiguió que nos tomáramos los estudios como una competición en la que el único rival somos nosotros mismos, en la que la meta era apreciar la etapa educativa como medio para aprender sobre la vida, la naturaleza,… En esos momentos no sabía que quiera ser de mayor así que le pregunte: “Mis padres quieren que sea administrativa, ¿eso esta bien?” A lo que me respondió “Tú puedes hacer mucho más que eso”. Esa misma tarde, sentada en el sofá mirando las noticias me dije: “¿y periodista?”. Cuando se lo comenté a mi tutor me respondió “me parece estupendo, Laura. Es un oficio muy bonito en el que aprenderás muchísimo”. Algunas personas se cuestionarán si realmente estas palabras pudieron provocar en mí tal influencia como para decidir mi futuro oficio, pero ya les digo que si fue así. Desde entonces lo sabía, quería ser periodista. Y lo que tenía aún más claro, quería dedicarme a algo en el que todos los días aprendiera cosas nuevas. Gracias a Luis, Trini y Juan descubrí el amor al saber.
Los años siguientes tuve muchos profesores, pero ninguno de ellos me influyó. De algún modo acabaron pasando por mi “colador personal”, es decir, sólo aparecieron en mi vida en un momento educativo y cuando éste finalizó también lo hicieron en mi recuerdo.
El siguiente docente influyente en mi vida “vive en esta casa”: David Reyero. Después de un año, perdida en Periodismo, encontré mi verdadera vocación gracias a mi experiencia como monitora. A mi parecer, no hay otra manera de saber que esto es lo nuestro que mediante la práctica educativa. El año pasado David me dio Teorías e Instituciones Contemporáneas de la Educación y consiguió que me interesara por una asignatura que a primera vista parecía horrible. Debatí, reflexioné, escribí mis planteamientos a raíz de sus clases. Empecé a leer sobre Educación fuera de estas paredes y descubrí un mundo abierto a infinidad de saberes, perspectivas, posibilidades. Mediante la lectura de autores señalados en este campo me di cuenta de que había cosas de las que ya se había escrito antes de que me las planteara. De que no somos tan distintos a pesar de corresponder a distintas épocas, sociedades y de tener diferente edad. Al final tenemos cuestiones y dilemas semejantes. Empecé a indagar más en mi futura profesión desde un punto de vista pedagógico, incluso llegué a plantearme continuar mis estudios una vez terminada la carrera: pedagogía, educación especial,… ¿quizás doctorarme? Él me dijo una vez algo que no olvidaré jamás: “Quizás la Sociedad pierda más si te quedaras en esta facultad. Hacen falta buenos maestros, créeme”. Es cierto, si no partimos desde la base estamos perdidos. Es fundamental que hayan docentes animados, creativos, entusiastas, ilusionados en Educación Primaria (aunque también haga falta en esta facultad).
Miguel Ángel decía que la obra de arte se escondía dentro del bloque de mármol, que él únicamente se encargaba de quitar lo restante. Puede ser que estas personas me hayan librado de esos residuos que me hacía sentirme vacía. Consiguieron hacerme ver las cualidades que tengo y me dieron fuerzas para expresarme sin temor a ser rechazada.
Gracias a estos docentes y otros tantos más, tengo el deseo de transmitir esta pasión por el aprendizaje, algo mucho más transcendental que los meros conocimientos memorísticos.

Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta del saber. Nosotros somos los encargados de hacer vivir a los demás el acto creador que hemos vivido.-Philippe Meirieu-

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