Mi mejor profesor en lengua extranjera.

Una de las preguntas del Módulo 1: El punto de partida de mi desarrollo profesional, era: ¿cuál ha sido tu mejor profesor de lengua extranjera y por qué? Algo que no me había preguntado nunca.
 Al no encontrar respuesta, me di cuenta de dónde viene mi gran desinterés por mi asignatura pendiente: el inglés. Nunca tuve un maestro que me la impartiera con motivación.
Así que busqué un nombre, lo escribí y pensé “ella fue lo menos malo”. Según Augusto Cury en su libro “Hijos brillantes, alumnos fascinantes” nuestro interés por una asignatura depende del amor que tiene y muestra el maestro por lo que enseña.
 Mi desgana por este idioma viene desde hace muchos años, me aburría estudiándolo y cuando podía lo evitaba. Ahora que lo pienso, no es por la lengua en sí, no me parece fea ni difícil. Entonces pensé en buscar la raíz del problema de una manera más profunda. ¿Qué sensaciones me provocan hablarla? Me avergüenzo, siento que lo hago mal. Mi solución ante esta realidad ha sido escapar, huir.
 Empecé a estudiarlo en la escuela, a partir de los 10 años. Los maestros que he tenido han sido de lo más peculiares y todos compartían algo: el uso excesivo del libro de texto. Las actividades se basaban mayoritariamente en rellenar frases (que completaba a veces por mecánica, otras por hazar). Apenas leíamos en alto y menos realizabamos interpretaciones o exposiciones orales. Tampoco escuchabamos inglés, los maestros hablaban en español casi todo el tiempo. Puede ser que fuera porque no dominaran la lengua, por desmotivación (los alumnos despertaban su lado más salvaje en estas clases) o por falta de tiempo. Esta metodología, digamos “tradicional” no me funcionó. Es más, creo en mí una imagen negativa tanto de la enseñanza del idioma como de la lengua en sí. Una imagen algo encasillada que no creía poder cambiar.
 Hablando del tema en el foro con otros compañeros, me di cuenta que otras personas que habían vivido las mismas experiencias que yo, habían acabado hablando y estudiando inglés sin ningún problema. Pensé que quizás esa metodología no era mala (porque le había funcionado para algunos alumnos),sino insuficiente o mejorable. Que dependiendo del modo que tenemos cada uno de aprender, asi nos es útil ciertas técnicas de enseñanza.
 Vi entonces otro motivo que hace la enseñanza una labor compleja: no solo hay que dominar el objeto de estudio, saber tratar y conocer a los alumnos, sino que también debemos ser flexibles a la hora de transmitir conocimientos, de tal manera que funcione para todos.

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