Madera de héroes

A continuación escribiré mi opinión personal sobre un artículo de María Menéndez llamado «Madera de Héroes». En él narra el aprecio que tiene a una profesora que le dió clase en primaria. Explica cómo su trabajo la va consumiendo más y más al pasar los años.

Philippe Meirieu en su obra Carta a un joven profesor dice:
“Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta al saber”.
Pienso que tiene mucha razón. Un claro ejemplo de tal pensamiento es el texto de María Menéndez Ponte. Ella, al igual que muchos docentes, encuentra su vocación gracias a un profesor que le ha influido en gran medida, tanto en su infancia como en su vida personal.

“En el fondo de nuestra vocación hay un encuentro creador de todo”. Pienso que es fundamental tener ideales para guiar nuestros pasos. En cierto modo, vemos reflejados nuestro deseo en los actos de una persona a su vez que vemos en sus actuaciones nuestro sueño profesional. Pero no debemos olvidar lo rápido que cambian los tiempos, y por eso debemos encontrar variables metodológicas acorde a las peticiones que nos pide la Sociedad. Es bueno aprender actitudes de profesores que nos han parecido interesantes y eficaces, pero también hay que innovarlas. Considero que, por lo tanto, en nuestra profesión nunca se debe delimitar nuestras capacidades. Lo que narra la escritora respecto al comportamiento de los alumnos en la etapa secundaria, lamentablemente, es una gran realidad. Tengo un hermano que está cursando 3º de la E.S.O y según lo que me cuenta, hay más delincuencia y descontrol en el instituto que cuando yo estudiaba.

Pienso que es muy difícil obtener aceptación y respeto de los adolescentes en la Sociedad actual. Los profesores ahora tienen que realizar infinidad de tareas que antiguamente estaban a cargo de la familia. Tampoco considero que el entorno más cercano al niño sea la única responsable de la Educación del niño, lo que quiero decir es que la enseñanza es un proyecto en el que deberían colaborar, en conjunto, varios agentes de acuerdo a su principal finalidad: el desarrollo cognitivo, emocional, psicológico y moral del educando. Desde luego que para ser maestro hay que tener madera de héroes. Pero no sólo los profesores, sino también los padres. Paciencia, perseverancia, constancia, optimismo, y lo más importante, no olvidar jamás el motivo de nuestro trabajo. Hace tiempo pregunté a una escritora de libros infantiles y una gran persona: ¿Cómo soportar tantas presiones, tantas dificultades en el aula? “¿Podré ser capaz de tener la paciencia suficiente para ser constante en mi profesión?”… A lo que me contestó:
“Da igual cuantas barreras tengas que saltar en la carrera, no importa si te tropiezas una y otra vez.
Lo que NUNCA, NUNCA debes olvidar es la meta, el motivo de todo tu esfuerzo y empeño.”

Las etiquetas para los productos

¿Se imagina un centro comercial en el cual ninguno de los productos tuviera etiquetas? ¿A qué tardaría más en comprar lo que le interesa? El hecho de que estos productos tengan etiquetas tiene su razón lógica, nos informa del precio que tiene, la marca a la que pertenece, y nos señala cuales son sus componentes. Al fin y al cabo, es una manera productiva de ahorrar tiempo y esfuerzo a la hora de elegir entre todas las cosas que se nos ofertan en una gran superficie. Uno va a la tienda con una idea predeterminada de las cosas que se llevará a casa. Ahora, ¿a qué sería una locura que cada uno de nosotros anduviéramos por la calle con una pegatina en la frente en la que se nos describiera superficialmente? Entonces ¿a qué viene esa manía de los adultos para etiquetar a los más pequeños?, ¿cómo nos consideramos con el derecho de reducir tan solo a una cualidad a toda una persona?
Esta forma de hablar la tenemos casi todas las personas y no se sabe muy bien el por qué de su razón. Casi todo el mundo ha sufrido las consecuencias de su utilización sin embargo, ninguno aprende de ello y deja de hacerlo cuando tiene la oportunidad.
«¡Este niño es más trasto! Su hermana sin embargo, es mucho más tranquila». «¡Eres un desastre! No me extraña que tengas tan pocos amigos».
Una cuestión fundamental es: ¿por qué etiquetamos? He pensado tres posibles respuestas:


  • Porque al situarnos en una posición superior al de otra persona (padres, profesores,…), nos creemos con el derecho de juzgarla.

  • Porque recibimos esas expresiones en nuestra infancia, y creemos que es adecuado repetirlas para formar una educación semejante a la que obtuvimos nosotros.

  • Porque somos inconscientes de las repercusiones que estos juicios pueden acarrear al individuo afectado.


¿Qué efectos se consiguen si etiquetamos?


  • “El niño aprende a pensar que su conducta es sinónimo de su persona”. “Cuando el valor personal depende de la realización, está sujeto a cancelación ante cada paso erróneo”.- Dorothy Corkille-
    En vez de juzgar a la otra persona en su totalidad, hay que mencionar el acto en cuestión que realiza mal, o expresar que aquello que hace nos afecta. “Casi siempre se nos valora por lo que hacemos, y no por el hecho de que existamos”

  • El niño no se siente apreciado. “Los juicios son cortinas de humo que impiden el paso del amor”. “Los niños sobreviven en la aceptación, pero no florecen en ella”.- Dorothy Corkille-
    El hecho de posicionarnos como jueces crea una distancia en la relación entre ambas personas. El niño puede sentirse aceptado pero nunca apreciado en estas circunstancias.

  • El niño no se siente comprendido. “En nuestra mayor parte, no somos irrespetuosos voluntariamente. Ocurre simplemente que olvidamos ponernos en el lugar de los niños” “La empatía consiste en oír con el corazón y no con el cerebro” “La empatía ayuda a dejar los juicios de lado”.- Dorothy Corkille-


¿Cómo evitar esta forma de expresión?

Sólo manifestar desacuerdo por las actitudes que pueden ser molestas del niño (su conducta).

Darle a conocer que los comportamientos pueden cambiar y mejorar con nuestro esfuerzo, pero lo que realmente no queremos es cambiar su personalidad o sus cualidades.

Expresarle nuestra aceptación y aprecio y hacerle comprender que nos importa y afecta sus comportamientos, sentimientos y pensamientos.

Antes de educadores, padres o tutores somos personas, y es imprescindible hacerles comprender a nuestros alumnos/as de nuestra condición. Etiquetar a los pequeños es una mala actitud que tenemos muchos adultos, y podemos evitarla con nuestro esfuerzo. Si somos capaces de cambiar aún siendo ya mayores, ¡qué ejemplo estaríamos dando de perfeccionamiento a nuestros pequeños! No exijamos a los niños lo que no somos capaces de realizar nosotros mismos.

Me gustaría finalizar esta entrada con una cita sacada del libro (al igual que las demás citas) “El niño feliz” de Dorothy Corkille:

“Si tratara yo a mis amigos como lo hago con mis hijos, ¿cuántos amigos tendría?”

Psicoballet.

Ayer en clase de Bases Psicopedagógicas de la Educación Especial vi un video que me emocionó en más de una ocasión. Trataba de un centro de deficientes mentales que se expresaban mediante la danza y el baile. El aprendizaje parte desde ellos mismos, desde sus propias capacidades. Esto hace que el individuo no se frustre tanto ya que no se le exige más de lo que pueda o quiera hacer. Os adjunto un resúmen del video. En él aparecen como narradores principales Matilde (una profesional de la danza), el director de teatro y una psicóloga. Ésta dice que se sorprendió ante la idea de Matilde de hacer esta actividad, ya que la psicología hasta entonces se entendía como el estudio «exclusivo» de las deficiencias de estos individuos pero nunca desde lo que podrían llegar a avanzar, ni desarrollar como personas. Mediante este proyecto se dan cuenta que personas con tales «retrasos» son capaces de mejorar sus cualidades o emplearlas para su expresión ya que rompen su barrera emocional que tenían hasta el momento. Son capaces de memorizar y coordinar sus pasos como los de sus compañeros durante toda la representación.

«Se une el arte con la psicología» «Medicina para el alma» «Abandonar las creencias de la psicología para centrarnos en el arte», «la silla de ruedas se deja en el vestuario»,…»Es realmente conmovedor ver como poco a poco se van desenvolviendo en la vida. Se convierten en personas independientes más felices, porque hacen las cosas por ellos mismos» Es cierto lo que dicen, ¡vale que tengan una deficiencia! pero tienen derecho a expresar lo que sienten o piensen. Dejemos de repetirles lo que no pueden hacer. Tiene derecho a ser libres.

Muchos padres, como mencionan en el video, quieren que sus hijos sean libres para que hagan lo que quieren que hagan. Sin embargo, en este centro se les ayuda a que hagan las cosas, y si lo necesita pues se les acompaña. «Permitir que sean distintos»

Este niño funciona así

El pasado fin de semana, unos amigos me preguntaron en qué medida puede influir un profesor en el desarrollo del niño y cuál es su limitación al respecto. En contestación diré que un profesor desde que desea serlo debe tener muy en cuenta la influencia que va a ejercer sobre el alumno. Ésta no es tarea fácil, es más si piensas que vas a estar libre de cargos y responsabilidades, te digo que ésta no es tu profesión. Quien se piensa que el profesor solo tiene que llevarse bien con los niños, ser un “colega”, está muy confundido.
Las limitaciones en este campo, yo las consideraría más bien morales. Cada profesor decidirá cuánto va a poner de su parte en la relación educativa y hasta que punto va a dedicar sus esfuerzos al aula.
¿Por qué un profesor tiene que influir? La razón fundamental es que le importa el desarrollo del niño. Si nos diera igual lo que le suceda al alumno y qué va a ser de él, sólo nos centraríamos en la transmisión de conocimientos. Pero la Educación es mucho más que eso, es más que aprender contenidos o conceptos, también es aprender valores morales.
Si un profesor influye en el alumno, ¿ya se le puede considerar buen profesor? Esta claro que no, una persona puede influir tanto para el bien del alumno como para sí mismo. La función principal del profesor no es beneficiarse del acto educativo. Siempre será el alumno quién recibirá las “ganancias” de la Enseñanza.
Esto me recuerda lo que me sucedió el día que fui al Museo Reina Sofia con un grupo de 20 niños de 4 a 10 años. Acompañaba a las coordinadoras juveniles de mi localidad, mi función como monitora voluntaria era organizar los grupos, estar pendientes de los chavales y hacer todo aquello que la situación me “pidiera”.
Cuando subimos al museo teníamos que hacer una gran fila india. Uno de los niños no hizo caso. Había pasado toda la mañana aislado del grupo aún teniendo a su hermano pequeño en él. Siempre miraba al suelo y no quería hablar con nadie. Una de las coordinadoras le agarró del brazo y dándole un tirón dijo: “Laura, Este niño funciona así”. Me había visto observándolo y quería darme una lección de “cómo” actuar con este “tipo” de niños. Su forma de “resolver” la situación no me gustó en absoluto. Está claro que es la manera más fácil de arreglar el problema (llevar el control sobre todo el grupo, para que ninguno se perdiera). Aún así, ella era más mayor que yo, y por lo tanto me ganaba en experiencia y también…¿en sabiduría? No lo sé, pero opté por seguir observando la situación y comprender de alguna forma la actitud que tenía el chico en relación al grupo.
Era un niño de unos 7 años. Tenía los ojos muy cerrados y unas ojeras de espanto. Me parecía un tanto siniestro el aspecto que tenía, quizá por el contraste de su piel blanca con las ojeras moradas. Le había preguntado varias veces su nombre pero no me respondía. Estaba claro que prestarle atención no le gustaba en absoluto, se sentía intimidado. Quería que le diera un poco de espacio.
Fue en el ascensor cuando se me ocurrió comentar algo. No me pregunteis cómo se me ocurrió, lo que tengo claro es que si lo dije fue por que sabía que iba a hacer efecto en él aunque no sabía muy bien de qué tipo. Dije lo siguiente:
«Dios, que altos estamos desde aquí ¿verdad? ¡Madre Mia! Y que enanas son esas personas de allí, ¡Si parecen hormigas!”
Y fue entonces cuando vi, por primera vez en toda la mañana una reacción en él, se reía tímidamente. Me llamó la atención su sonrisa un tanto pícara. Cogí al vuelo que ese era el tipo de bromas que le gustaban a él. Aún así, no hice ninguna muestra que reflejara mi interés hacia él.
Fue a la salida cuando ocurrió lo más sorprendente de toda la mañana, tuve mi primera conversación con él. Y en tres frases descubrí el meollo del asunto. Cuando salimos del museo era “la hora del bocadillo”, un recreo pero en la entrada del Reina Sofia. Estaba preocupada ya que había una exposición de Arte Contemporáneo algo peligrosa para los niños. Consistía en unas infraestructuras de hierro que giraban en torno a sí mismas. El niño del cual os hablo, fue el primero que se acercó a ellas, y los demás no tardarón en seguirle. Para alejarlos de allí, y conociendo el humor del chico dije:
«¡Cuidado! ¡¡¡No os pongais tan cerca de esos barrotes!!! Porque os pasará lo mismo que a mi pobre amigo Fran” Lo dije dramatizando bastante y todos los niños contestarón: “¿y qué le pasó?”
«Pues de taaanto acercarse a eso que estais viendo, se hizo un chichon enooorme en la cabeza, ¡tan grande!, ¡tan grande! ¡Que luego no le entraba la gorra!” contesté. Todos se rieron y se fueron del sitio, menos ese niño que me contestó: «Claro, y te revienta la cabeza. Y se te sale el cerebro, y llenas a los demás de sangre”
Nunca le había visto tan animado. No escatimaba en detalles. Sinceramente, estaba realmente asustada por las barbaridades que me estaba contando, pero en el fondo me alegré de que fuera capaz de expresarse. Que se sintiera a gusto hablando con alguien. Le pregunte: “¿Cómo es qué tienes tanta imaginación?” a lo que me contestó: «Es que por la noche mi padre me deja ver la tele hasta muy tarde, y veo muchas películas de miedo.”
Creo que no cuesta tanto escuchar a un niño que pide ser escuchado. Solo hay que tener un poco de tacto.
En relación a la introducción que he dado, en esta experiencia se muestran 3 maneras de influir al chico: la que ejerce la coordinadora (que le da el tirón en el brazo para que RÁPIDAMENTE se incorporé al grupo), su padre (que le pone el televisor en vez de contarle un cuento antes de dormir) y yo (al hacerle bromas de ese tipo, escuchándolo y sin mostrar en ningún momento rechazo por sus comentarios).

A Margarita Robleda

Escritora de libros infantiles, y más que eso, una bellísima persona. Lleno el año pasado la clase de alegría con sus metáforas, con sus pequeños cuentos y adivinanzas. Aquí os dejo su dirección:
http://www.margaritarobleda.blogspot.com/ … y algo más, un comentario que la escribi hace tiempo. Quizás así vivais un poco más de cerca este recuerdo.

¡WUAUUUUUUU! y me convertí en perro.¡ Sí! fui una de las alumnas que cambió sus ojos por platos para llenarse del delicioso manjar que es la vitalidad que nos transmitiste. Sí, me pareció deliciosa tu conversación y no era más que este articulo no estuviera a su altura. Te contaré un secreto Margarita, yo no soy ranita, soy una ardilla que se queda embobada en las alturas viendo las pocas personas que pasean felices por los parques, ¡¿ pero cuándo nos daremos cuenta de lo que tenemos a nuestro lado!? solo nos fijamos en lo malo, ¿no es cierto?

Fan de Amelie, soy de las que persiguen los detalles, que son la esencia de la vida… ¡¿qué es de ella sin una sonrisa, una mirada…esas pequeñas cosas que pasan tan inadvertido?! Soy una esponja que se llena de gotitas que va conociendo por el camino. Tan fuerte cuando se empapa, tan frágil cuando la vacían.

Te hice una pregunta: «¿Qué pasa si intentas ver las cosas, aunque sean muy difíciles, posibles?¿no es verdad que mucha gente te dice que tires la toalla?» Estando tan sola de monitora ya escuche esto más de una vez «déjalo, el niño es así», «él entiende por castigos», imagínate cuando sea «profesora-novata» llena de ilusión por la enseñanza. Me regalaste una respuesta, una frase que guardo como oro en paño y que en tan solo unos meses ya varias veces he mencionado: «Aunque la carrera sea díficil, aunque esté llena de obstáculos… lo último que tienes que olvidar es la meta»

Yo te regalo un ladrido de perro ¡WUAUUUUUUU! y si tú me permites, un dibujo sobre el cuento que tu prefieras. Sería un honor dedicarte uno.

Receta para ser un buen profesor

Llevo desde el primer día de clase de Bases pedagógicas de la Educación queriendo escribir esta “entrada” a raíz de conocer los 10 mandamientos de Luis Pumares. Se trata de una pequeña receta que he inventado y en la que se consigue un excelente pastel… quiero decir docente.
Los ingredientes son los siguientes:


  • 1 vaso de vocación.

  • 5 cucharadas de cercanía emocional.

  • 50 gramos de conocimientos.

  • Dinamismo (cuanto más mejor).

  • cucharadas de optimismo.

  • 50 gramos de comprensión.

  • 50 gramos de paciencia.

  • Virutas de creatividad y entusiasmo.


En un bol mezclar los ingredientes claves para realizar el bizcocho: 1 vaso de vocación y 5 cucharadas de cercanía emocional. Dichos elementos deben ir bien mezclados para obtener una buena base sobre la que se echarán los demás ingredientes.
Mientras que la base toma su forma en el horno, batir con esmero y consistencia 50 gramos de conocimientos y todo el dinamismo que tengamos en la cocina. Hay que tener cuidado de que no se corte dicha mezcla, ya que si echamos a perder el dinamismo podríamos formar un maestro tradicional que realizaría la misma metodología durante su vida laboral, y no queremos eso.
Una vez sacamos el bizcocho del horno, lo cortamos por la mitad para llenarlo de la crema realizada anteriormente.
En otro recipiente mezclaremos 3 cucharadas de optimismo, 50 gramos de comprensión y 50 gramos de paciencia. Con el resultado bañaremos el pastel y lo dejaremos enfriar en el frigorífico, de tal manera que todos los componentes del bizcocho queden consistentes, manteniendo sus propiedades.
Cuando saquemos el pastel adornaremos la superficie con virutas de creatividad y entusiasmo.
¡Y ya tenemos a un docente bien fresquito, listo para realizar su tarea educativa!nn

Mi experiencia educativa como alumna

Sinceramente, de todos los docentes que he conocido durante mi vida son pocos los que me hayan marcado significativamente.
En Educación Primaria tuve de profesor a Luis que fue mi tutor durante 2 años. Todas mis compañeras estaban enamoradas de él y no es de extrañar, era muy bueno con nosotr@s. Nos animaba a estudiar, era muy simpático y daba un trato especial a cada uno de nosotros.
En 6º de Primaria todo esto cambio, nos tocó con Máximo (el director en ese momento). Era bastante antipático y estricto, nos exigía muchos conocimientos y nos sentíamos frustrados porque no alcanzábamos el ritmo que nos imponía. Pasábamos por tales presiones que nuestros padres se reunieron con él. Éste justificaba su manera de enseñar a que “debíamos estar preparados para el instituto”. Actualmente no recuerdo nada de lo que tuve que memorizar durante esos años.
Más tarde en 2º de la E.S.O tuve una profesora también con bastante carácter: Trinidad Jimenez. Nos daba Lengua y Literatura Española. Nos exigía mucho en las clases, sin embargo no de la misma manera que Máximo. No se conformaba con lo 1º que hacíamos, nos decía que teníamos que buscar más en nosotros mismos para sacar los resultados acorde con nuestras capacidades reales. En ese momento no se me daba muy bien la sintaxis. Ella no se rindió conmigo. Cuanto más me quejaba: “No se me da bien, no me gusta,…” más ejercicios me mandaba, más me explicaba y más me sacaba a la pizarra. Gracias a ello, saqué excelentes resultados en sintaxis en los años posteriores, incluso en bachillerato y en periodismo (sin apenas tocar un libro desde entonces). Gracias a ella, me empezaron a atraer las letras.
En ese mismo año tuve de tutor a Juan Antonio Alvarado, una de las personas más influyentes en mi vida académica. No se me olvidará lo que dijo el primer día nada más entrar al aula: “Soy vuestro tutor. Quiero que me habléis de usted, porque es una muestra de respeto hacia mi persona. Quiero que me respetéis como yo os respetaré a vosotros”. ¡Quién diría que tras esa apariencia de hombre autoritario había un docente recién sacado de la facultad con unas ganas tremendas de sacar lo mejor de nosotros! También nos mandaba muchas tareas. Consiguió que nos tomáramos los estudios como una competición en la que el único rival somos nosotros mismos, en la que la meta era apreciar la etapa educativa como medio para aprender sobre la vida, la naturaleza,… En esos momentos no sabía que quiera ser de mayor así que le pregunte: “Mis padres quieren que sea administrativa, ¿eso esta bien?” A lo que me respondió “Tú puedes hacer mucho más que eso”. Esa misma tarde, sentada en el sofá mirando las noticias me dije: “¿y periodista?”. Cuando se lo comenté a mi tutor me respondió “me parece estupendo, Laura. Es un oficio muy bonito en el que aprenderás muchísimo”. Algunas personas se cuestionarán si realmente estas palabras pudieron provocar en mí tal influencia como para decidir mi futuro oficio, pero ya les digo que si fue así. Desde entonces lo sabía, quería ser periodista. Y lo que tenía aún más claro, quería dedicarme a algo en el que todos los días aprendiera cosas nuevas. Gracias a Luis, Trini y Juan descubrí el amor al saber.
Los años siguientes tuve muchos profesores, pero ninguno de ellos me influyó. De algún modo acabaron pasando por mi “colador personal”, es decir, sólo aparecieron en mi vida en un momento educativo y cuando éste finalizó también lo hicieron en mi recuerdo.
El siguiente docente influyente en mi vida “vive en esta casa”: David Reyero. Después de un año, perdida en Periodismo, encontré mi verdadera vocación gracias a mi experiencia como monitora. A mi parecer, no hay otra manera de saber que esto es lo nuestro que mediante la práctica educativa. El año pasado David me dio Teorías e Instituciones Contemporáneas de la Educación y consiguió que me interesara por una asignatura que a primera vista parecía horrible. Debatí, reflexioné, escribí mis planteamientos a raíz de sus clases. Empecé a leer sobre Educación fuera de estas paredes y descubrí un mundo abierto a infinidad de saberes, perspectivas, posibilidades. Mediante la lectura de autores señalados en este campo me di cuenta de que había cosas de las que ya se había escrito antes de que me las planteara. De que no somos tan distintos a pesar de corresponder a distintas épocas, sociedades y de tener diferente edad. Al final tenemos cuestiones y dilemas semejantes. Empecé a indagar más en mi futura profesión desde un punto de vista pedagógico, incluso llegué a plantearme continuar mis estudios una vez terminada la carrera: pedagogía, educación especial,… ¿quizás doctorarme? Él me dijo una vez algo que no olvidaré jamás: “Quizás la Sociedad pierda más si te quedaras en esta facultad. Hacen falta buenos maestros, créeme”. Es cierto, si no partimos desde la base estamos perdidos. Es fundamental que hayan docentes animados, creativos, entusiastas, ilusionados en Educación Primaria (aunque también haga falta en esta facultad).
Miguel Ángel decía que la obra de arte se escondía dentro del bloque de mármol, que él únicamente se encargaba de quitar lo restante. Puede ser que estas personas me hayan librado de esos residuos que me hacía sentirme vacía. Consiguieron hacerme ver las cualidades que tengo y me dieron fuerzas para expresarme sin temor a ser rechazada.
Gracias a estos docentes y otros tantos más, tengo el deseo de transmitir esta pasión por el aprendizaje, algo mucho más transcendental que los meros conocimientos memorísticos.

Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta del saber. Nosotros somos los encargados de hacer vivir a los demás el acto creador que hemos vivido.-Philippe Meirieu-

Escuela de maestros

Vuelta a la rutina y me encuentro con la sorpresa que mis ánimos por empezar de nuevo se ven derrumbados en un momento. Al menos la primera clase me dio las fuerzas suficientes para encontrarme con lo siguiente.
Este cuatrimestre nos asignaron a un diferente docente para una asignatura y ¡qué decir!, ¡tiene hasta sus propios mandamientos! El 1º y no menos importante: «Amar a Luis por encima de todas las cosas», ¿previsible? No mucho.
Hay dos momentos importantes en la carrera «antes y después» de conocerme.
Quizás no se equivoque del todo. Aunque no se asemeja mucho a mi teoría «el momento más importante de la carrera es cuando decides aprender más fuera de ella».
Tuvimos que presentarnos: ¿por qué esta carrera?, ¿trabajas? ¡Qué paradoja! Hora y media más tarde otro docente me diría en contestación a que no podía asistir a algunas de sus clases «o se trabaja, o se estudia, o una cosa u otra, pero no las dos cosas a la vez”, “Es que si no trabajo no podría estudiar”, «no es asunto mío». No se si me molestó más lo que me dijo, o su modos… Sí, fueron sus modos. Menudo maleducado. Algunas veces me pregunto como es posible que en una misma instalación trabajen personas tan diferentes. Estoy a favor de la diversidad, pero algunas veces, no tanto. Unos que les parece interesar nuestra situación o visión de las cosas (o al menos lo aparentan), otros que les parecen irrelevantes todos aquellos aspectos que no sea su disciplina.
«Respetar a todos y cada uno de ellos». Me parece bien empezar por ahí. No espero eso en mi carrera, ¡qué tontería!, somos ya adultos para esperar a un buen docente que nos de ejemplo de lo que debemos hacer ¿no? Quizás tengas razón: «en la facultad aprendes a no hacer todo lo que os enseñan». Habrá gente que piense que mediante presiones, exigencias y poco trato personal maduremos y seamos buenos maestros en un futuro. Como los que piensan que se aprende más superando “malos ratos”. Yo lo llegué a pensar en su día, ahora sé que es mentira. No hay mejor manera de aprender en la vida que mediante experiencias positivas que te animen a dar el primer paso, a esforzarte, a animarte por lo que vas a llegar a ser y a tener tanta fuerza y optimismo que podrías superar cualquier obstáculo, por difícil que sea.
Una chica se quejaba del profesorado por no enseñarnos metodologías. No creo que ese sea el problema de nuestra facultad. Lo peor de todo es la falta de vocación de nuestros docentes. Parecen que estuvieran perdidos, desganados, desmotivados por su oficio, enojados con el mundo,… Es deprimente ver en lo que podemos llegar a convertirnos. Es muy deprimente. Falta de entusiasmo, de profesionalidad, de perspectiva, de energía,…La misma metodología durante años, desgana por aprender el nombre de sus alumnos, poca ilusión, prepotencia, infravaloración de las capacidades de sus educandos,…

«El principal objeto de la educación, como el de toda disciplina moral, es engendrar felicidad» W.M.Growing


¿Y qué pasa si el docente olvida que su profesión es básicamente moral?, ¿querrá engendrar valores o meros conocimientos?, ¿querrá crear personas buenas y sociales o los sabios que siempre desearon ser?
Realmente dudo que usted escogiera magisterio por elección de su madre, y si fue así ¡menuda suerte! Porque a mi parecer, esta destinado a serlo. Es raro ver a un hombre emocionarse por su trabajo pasados los años.

En fin, menudo día. Por una parte me he emocionado en más de una ocasión escuchando a un docente hablar de nuestra profesión… por otra, me he hundido cuando otro profesor no me ha dado ninguna posibilidad de aprobar su asignatura por el hecho de trabajar, sin conocer mis circunstancias.

… antes de poder dibujar en el lienzo, me quitaron el pincel.

El niño feliz

Últimamente siento gran interés por los libros de autoayuda, que tratan de la seguridad personal y de las relaciones educativas. Después de leer “El poder sin límites” de Anthony Robbins quise retomar una obra que dejé aparcada durante unos meses. Esta se llama “El niño feliz” de Dorothy Corkille. Sin duda alguna, una de mis lecturas preferidas y a mi parecer, supera con creces al anterior en calidad literaria y emocional.
La escritora nos brinda todo su conocimiento y experiencia como educadora, psicóloga, consejera de matrimonios y familias, y como madre. Capítulo por capítulo nos relata la importancia de la relación educativa en el desarrollo del niño centrándose en cada uno de ellos en diferentes ámbitos.
La temática gira entorno al autorespeto y a la autoconfianza del individuo atendiendo a la influencia que recibe de su entorno. Por lo tanto, nos regala pautas a seguir para garantizar la felicidad del educando y educador.
Aprovechando la oportunidad de este dosier personal, escribiré a continuación las citas que he ido subrayando durante la lectura:

Entre el niño que funciona plenamente y la persona que marcha por la vida entre tropiezos existe una diferencia fundamental: La actitud de uno y otro hacia sí mismo; en su grado de autoestima.
Tener autoestima elevada es distinto al engreimiento ruidoso. Es un silencioso respeto por uno mismo
Lo que afecta el desarrollo del niño es su sentimiento de ser amado o no. La clave del éxito de los padres reside en ayudar a los niños a desarrollar altos niveles de autoestima.
Todo niño se valora a sí mismo tal como haya sido valorado.
Las palabras son menos importantes que los juicios que las acompañan.
Quien se ve perdedor espera fracasar y se comporta de tal manera que haces menos probable el éxito.
Las máscaras se emplean para ocultar un “yo” sin valor.
Por lo general, cuanto peor es el comportamiento de un niño, mayor es su anhelo de aprobación.
La autoestima NO es inamovible, pero tampoco es fácil modificarla.
La baja autoestima se encuentra ligada con el planteo a uno mismo de exigencias imposibles. Todo ser humano debe resultar coherente para sí mismo.
El autoconcepto se aprende, se hereda mediante experiencias positivas. Capacidad de reeducación.
La confianza del niño en sí mismo debe referirse a lo que él es realmente, y no a las imágenes de los demás.
El encuentro verdadero no es más que atención concentrada.
Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia.
Cuando la curiosidad es tabú, el entusiasmo por aprender muere.
El crecimiento intelectual no se produce aparte del crecimiento emocional; ambos están ligados entre sí.
Según parece, para que el ser humano dé amor, primero tiene que recibirlo.
Tal vez no se encuentre lejos el momento en que los maestros queden realmente en libertad para transformarse en gente que aplique sus recursos al estímulo de la curiosidad natural de los niños.
El chico que sienta agrado por sí mismo busca relaciones totales, que alimenten la autoestima, y no contactos sin significado, que la deterioren.
El sexo empleado circunstancialmente siempre hiere a alguien, porque casi invariablemente una de las dos partes se liga emocionalmente a la otra.
Rara vez resultan constructivos los encuentros sin significado.
Los niños deben aprender a pensar por adelantado las consecuencias de sus acciones, para sí y para los demás. El pensar en la forma de superar las situaciones difíciles antes de que estas se presenten prepara a los jóvenes para no caer en ellas desprevenidos, ni tener que resolver en el calor de las emociones.La felicidad es estar satisfecho consigo mismo.

La importancia del tacto

Tuve una experiencia hace un par de años, en el campamento urbano de mi pueblo. Trabajaba de monitora con un grupo de 15 niños de cinco años de edad e íbamos a hacer la fiesta final de la quincena. Habíamos preparado una corta obra de teatro en la que participarían los niños y en la que sus padres asistirían a verlos y a grabarlos en video. Cada monitora acompañaba a un grupo pequeño de niños, yo estaba a cargo de dos niñas. Nosotras íbamos a ser los árboles. Nuestro papel consistía en estar quietas hasta que los niños disfrazados de fuego fueran a por nosotras, en ese momento teníamos que tirarnos al suelo.
Lo teníamos ensayado pero algo surgió de repente. Los niños mayores habían preparado en el otro extremo de la pista un pasadizo del terror. Una de las dos niñas lo pasó muy mal el año anterior al entrar y cuando vio de nuevo los adornos ella tuvo un pánico tremendo. Estaba muy nerviosa, y cuando llego “el fuego” no quería tirarse al suelo.
En ese momento tenia que actuar, los padres nos estaban grabando, los monitores estaban expectantes y no querían que nada saliera mal. Entonces se me ocurrió una idea. Me tire al suelo y la dije en bajito “túmbate, que vamos a buscar la pelota que perdimos el otro día en la red del techo”. No funciono y me miro triste. Busqué otra alternativa “venga, que no pasa nada, túmbate un rato conmigo y nos dormimos un poco, ¿te apetece?”. Y nada, esta vez estaba apunto de echarse a llorar. En el último momento, mientras que los demás me miraban extrañados la dije “ven aquí, dame un abrazo”. En ese momento se agacho sin pensarlo y me dio un abrazo.
La mejor de las respuestas, muchas veces, esta delante de nuestros propios ojos. El tacto es la solución a muchos conflictos que se nos presentan a diario. El tacto es el efecto positivo que tiene uno sobre otro. Éste tiene que ser recíproco, receptivo y sensible. De nada me hubiera servido decirle a aquella niña que me diera un abrazo si no es capaz de dármelo. No es solo el efecto, sino también la confianza que hay detrás para que la otra persona responda. Es la expresión al proteger, educar y ayudar a la otra persona y la influencia que hace en ella.