Reflexión y acción contra el acoso escolar

Esta entrada es un resumen de la Jornada de reflexión y acción contra el acoso escolar que se celebró el pasado 1 de octubre en la Fundación Telefónica. Desde una perspectiva analítica, he seguido todos los puntos tratados en el orden que se siguió en el debate, respetando la naturalidad del mismo. No pretende ser una transcripción literal de la jornada, aunque sí he respetado al máximo las referencias, también he querido aportar mi opinión al respecto.

El acoso escolar no es cosa de críos y sí tiene importancia”, abre el debate César Bona, finalista de los Global Teacher Prize. Los demás ponentes son:  Fuensanta Cerezo (del Equipo de Investigación del Departamento de Psicología Evolutiva y Educación de la Universidad de Murcia), Carlos Represa (especialista en protección de menores y uso responsable de internet) y Paco Bezerra (conocido dramaturgo español), quien daría mucho juego a la discusión dando su punto de vista, algo catastrofista, de la realidad «no tengo fé en la humanidad». Fue muy enriquecedor también hay que reconocerlo, porque habla sin pelos en la lengua sobre los problemas que contaminan la sociedad actual-residual* (habló del maltrato de género consentido por todos no hace muchos años, del acoso a la «comunidad» homosexual a día de hoy en sectores que ya todos conocemos,…). Paco  ha escrito y dirigido la obra de teatro sobre acoso escolar, El pequeño poni, y se nota que habla con conocimiento de causa. Hablar tan abiertamente y claro sobre los errores cometidos y que aún se cometen es el primer paso para llegar a soluciones, pienso.

Expusieron la existencia de tres perfiles en cualquier situación de acoso: el acosador, el acosado y el consentidor, y de cómo éste último tiene un papel fundamental: la importancia del grupo. El acosado no encuentra estrategias de solución por lo que al final se queda solo. En este punto hablan del método Kiva, que está acabando con el bullying en Finlandia.

«Somos unos cobardes,»sálvate el culo» es el mensaje que le damos a los niños. Les enseñamos a ser hipócritas«, dice Paco. A lo que César más tarde le contestará que «Yo creo en la infancia. Debemos hablar de microeducación más que de macroeducación. Nos centramos en estándares y en protocolos de acción, más que en escuchar a cada niño. Educamos a entes individuales cuando somos seres sociales«. Esa capacidad que tenemos innata, que nos viene de serie, no la desarrollamos en las escuelas. Trabajamos bajo la exigencia de crear seres competentes en escuelas academicistas. En este punto el maestro Bona nos comenta su experiencia viajando por diferentes colegios del país y nos expresa la necesidad de reivindicar espacios para estar con los alumnos* (en educación primaria se eliminaron las horas de tutoría, y en la E.S.O no saben qué hacer con esa hora… ¿demasiado tarde?). Como ya he escrito en alguna ocasión, muchas veces olvidamos lo más importante, ponernos a la altura del alumno, mirarle a los ojos y saber qué le sucede. Considero que la cercanía emocional del maestro tiene un peso decisivo en estas situaciones, y se debe reaccionar antes de que el problema salte.

Una de las reacciones que tienen algunos maestros ante contextos problemáticos es hacer preguntas directas en el aula, pero ello «fomenta la vulnerabilidad del acosado» comenta Fuensanta. Un caso práctico que se realizó en un centro fue una charla/tutoría (de manera grupal) sobre snapchat, nos cuenta Carlos. Fueron tan satisfactorios los resultados, que tuvieron que ampliar las sesiones programadas para poder llegar a todos los temas que habían surgido (política, sociedad, economía…). He aquí un ejemplo de la necesidad que tienen los educandos de exponer su punto de vista y de comunicar sus pensamientos. A día de hoy seguimos aún en escuelas cuyas metodologías hacen del maestro un orador y del alumno un mero oyente. A esto se refiere Cesar Bona con «los maestros deben abrir las puertas de nuestros alumnos» y de la importancia de «invertir en vida«. Su propuesta es cambiar una escala de valores o prioridades que durante muchos años se ha impuesto, y sinceramente, es difícil de reestructurar (que no imposible). En un centro que visitó sin problemas de acoso, comenta Bona, uno de sus alumnos le dijo:»aquí no hay conflictos, nos dedicamos a conocernos«.

Otro de los interrogantes fue: ¿cuándo hay que actuar? En eso todos coincidimos en que prevenir es mejor que intervenir. Aunque bien es cierto que lo habitual es lo contrario. En el día a día la preocupación mayoritaria en los centros es abarcar las competencias y contenidos que nos marca el currículo. Al respecto, dice la psicóloga «como personas hay que saber ser humanos«. Varias manos se levantaron, maestros compartieron su forma de comunicarse con los niños «cuando tengo un mal día, lo primero que digo a los chicos es cómo estoy. Soy persona y ellos deben entenderlo», «yo a mis alumnos el primer día de clase les digo, hola me llamo Juan y soy gordito, pero oye, que nadie me llame gordo». Muchas veces me he preguntado el tipo de relación que tenemos con nuestros alumnos, en la mayoría de los casos: el maestro expone, el alumno recibe, el adulto protege y el niño es protegido. El mensaje que envíamos indirectamente es que el niño viene al mundo entre algodones, todos los problemas y soluciones giran entorno a él, pero eso más que beneficiarle está incitando la individualismo. Cuando llega la adolescencia les exigimos y ellos se alteran porque demandan lo que han recibido anteriormente. Es interesante cómo se puede trabajar la empatía a través de la relación maestro-alumno, viendo el pequeño que el adulto también tiene problemas, y viendo el profesor que los problemas del alumno también son importantes. Una actividad que propone Cesar Bona es teatralizar, la empatía es un concepto difícil de explicar, pero mediante este ejercicio llega el mensaje.

La raíz del acoso escolar suele estar en cómo el grupo admite o no la diferencia. Los ponentes están en desacuerdo con el témino «integrar» porque ello no conlleva a entender la diversidad como la realidad de base. «Todos somos personas diferentes que vivimos la diferencia», dijo la ponente. «Se trabaja mal la diferencia. Convivimos con la diferencia. Todos somos distintos por lo que eso es lo normal». Un ejemplo que nos cuenta César es: «En un aula que visité con un alumno sordo, el intérprete estaba en el aula, en vez de separar al alumno para dar refuerzo. El resultado fue que muchos de los compañeros quisieron aprender lenguaje de signos».

Otro de los grandes debates fue cómo las escuelas reaccionan ante estos problemas de bullying. «Se educa en la resiliencia, poniendo el foco en las víctimas». Paco en este sentido se refería constantemente a una mayoría generalizada, abusona y con poder, a lo que Fuensanta contestó «Mayoría generalizada no, hablamos de mayoría diversa. Todos somos diferentes.» y mencionó un punto fundamental y que perdemos de vista si criminalizamos más que analizamos la situación: «los acosadores a veces también son víctimas». Nos confiesa que muchas veces los alumnos que abusan y acosan a otros, son los mismos que empiezan a jugar con las drogas. Nos advierte que ese grupo no es minoritario, por lo que tenemos que estar en alerta, intervenir es un asunto urgente. Hay que trabajar la educación emocional, la diversidad y el respeto, y también, como no, la perspectiva de género, desde la Educación Infantil. Aprender a ser sociales. Como se ha expuesto anteriormente, se contraponen dos enfoques pedagógicos «la sensación de equipo versus sociedad individualista», ¿qué nos demanda el sistema educativo?, ¿qué aplicamos en nuestras aulas? Perseguimos la excelencia, pero ahí debe incluirse el factor humano- defiende Bona.

Carlos Represa habla sobre la sintomatología de la víctima y cómo reconocerlo a tiempo. Su hija fue acosada en el colegio, por lo que sufrió esta realidad en primera persona. Existen unos síntomas visibles del acosado que se manifiestan en problemas de salud del tipo: dolor de cabeza, insomnio, malestar estomacal,… y que se pueden confundir con demás enfermedades comunes cuya solución acaban siendo tomar una pastilla y ya. Nos pregunta: ¿cómo reacciona el docente: por acción, por omisión o por indiferencia?. Muchos padres niegan la situación y paralizan las soluciones o medidas. En ese sentido «los maestros debemos tener autopista ancha y hablar con los padres, somos un equipo» expone César.

Sobre cómo debe reaccionar el maestro, debido a la excasez de formación al profesorado, debemos recurrir al sentido común. «El sentido común es el menos común de los sentidos» dijo la psicóloga. Debemos ser el ejemplo de lo que queremos transmitir y ser la voz del niño acosado. Es decir, se nos exige como docentes ser empáticos con el alumno afectado. Para ello habrá que saber escucharle para que los demás compañeros nos tome como ejemplo.

«Ya es primavera, mis compañeros no me aceptan»

Un secreto, que a veces, se pierde entre la multitud de una clase.

En el ciberbullying no se profundizó, según Bona: «las nuevas tecnologías son una prolongación de nuestro cuerpo y de nuestra esencia moral«. Está claro pues dónde poner todos nuestros esfuerzos en primera instancia. Aunque las TICs pueden servirnos para realizar actividades enriquecedoras y también toman un papel clave en la sociedad actual.

Se cerró la reflexión con una cita de Nidia Represa autora de Bajo mi piel:

El acoso es el enemigo,
el silencio la perdición.
Ponte en su piel y
préstale tu voz.

 

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