Ejemplos de cómo no hacer las cosas

En esta ocasión quería escribir sobre algunas experiencias que he vivido gracias a mi “fantástico” trabajo como cajera. Sí, al final mis expectativas de trabajar como monitora de ocio y tiempo libre se han visto limitadas por las pocas salidas que actualmente hay en este campo (como muchos otros).

Bueno, habrá que sacarle partido. Y no esta mal reflexionar de vez en cuando mientras se está realizando una tarea tan metódica como la mía.

Podría mencionar los innumerables casos de individuos que ni se molestan en contestarme los “buenos días”, o los que se me dirigen como si careciera de ningún tipo de estudios. Muchos de ellos se han sorprendido cuando les he comentado que solo estoy para pagarme los estudios (¡que locura! ¿Es que los jóvenes de hoy en día hacen esas cosas?).

Sin embargo me parecen más interesantes esas situaciones con las que me he topado de vez en cuando, algo pintorescas y que me han dejado un tanto aturdida. Dos de los casos más llamativos fueron los siguientes:

Mi hermana estaba pasando la compra de una pareja de unos treinta y tantos años que llevaban a su pequeña de unos 6. Ambos llevaban todo tipo de alimentos, en su mayoría chucherías y bollería industrial, refrescos y demás productos (bastante caros y de poco valor nutricional). La cuestión es que la señora saltó la alarma al pasar por la barrera de seguridad. El hombre de seguridad se acercó para controlar la situación, mientras tanto la pareja se encontraba algo nerviosa. Pidió que la madre enseñara el bolso, y nada más abrirlo vio que llevaba un tanga con transparencias del centro comercial. Lo primero que dijo la mujer ruborizada y enojada fue:
- ¡Ha sido la niña! ¡Te he dicho mil veces que no cojas cosas de la tienda! ¡Si es que eres un trasto!
El padre enfadado y avergonzado por el numerito que estaba montando su esposa, se acercó a la niña dispuesto a echarle la bronca. La pequeña no tardo en decir, algo confundida y en bajito:
- Pero si ha sido mama.
La respuesta del padre fue de película. Estaba claro que la iba a caer una grande cuando llegara a casa.
Después de disculparse al encargado de seguridad, siguieron embolsando. Mi hermana preguntó si querían llevarse el tanga. A lo que contesto la madre, algo tímida que sí.

El tanga costaba 1 euro.

Estaba despidiéndome de un cliente cuando ocurrió lo que os voy a narrar. Resulta que la cinta transportadora no para de pasar hasta que uno de los productos pasa por el sensor que hay en el extremo más próximo a la caja. Muchas personas desconocen esto y piensan que somos las cajeras las que damos incontrolablemente un pedal. La cosa es que cuando el producto en cuestión no tiene el peso o tamaño suficiente (como puede ser una prenda, una bolsa de patatas fritas,…) el sensor no detecta ningún elemento por lo que la cinta sigue funcionando. El resultado es que la compra del primer cliente se amontona en la caja mientras que la compra del siguiente se mezcla con la anterior.
Esto fue lo que me ocurrió una vez. El señor de la primera compra, creo que marroquí (es importante el dato por lo que sucedió a continuación), se puso a apartar, amablemente, los alimentos que no eran suyos para que yo no me confundiera al pasarlo por el lector. El segundo cliente se puso a gritar como un energúmeno:
- ¡Qué no toques mi compra con tus manos! Pero que demonios haces ¡joder! ¡Pero con que derecho tocas lo que no es tuyo!
El hombre extranjero se puso algo nervioso y respondió como pudo a las acusaciones de este hombre. Yo pedí que se calmaran, que no había ningún problema, que el segundo cliente apartara por favor su compra y ya está. Sin embargo este no lo hizo, se nos quedo mirando con los brazos cruzados, por lo que tuve que preguntarle al señor marroquí qué productos eran suyos uno por uno (preferí preguntarle a él porque parecía mucho más simpático que el siguiente). Cuando éste se fue, el otro hombre se puso criticar sin ningún sentido al señor que ya se había ido, con frases tan recurrentes como:
- Encima que vienen aquí hacen luego lo que quieren. Deberían llevarlos a sus países. Encima que vienen aquí a quitarnos nuestro trabajo.
En ambas situaciones esta claro que hay una falta de educación por parte de alguno de sus protagonistas. Me avergüenzo de sus personalidades y lamento a los pobres niños que les toque vivir con semejantes individuos como “padres”. ¿Qué ejemplo están dando con su actitud? ¿Realmente son conscientes de sus responsabilidades como adultos? ¿De verdad desean convertir a sus hijos en lo que son? ¿O acaso vivieron este tipo de situaciones cuando eran pequeños y creen que es lo normal?

Educación para la guerra

En una de las clases de Luis Pumares estuvimos debatiendo sobre ¿qué era la educación? Una cuestión más difícil de contestar que de plantear.
Él comparte mi visión positiva del término por lo que hablar de “mala educación” sería contradictorio. Sin embargo un compañero de clase comentó la situación de algunos países más desfavorecidos, en la que se educa para la guerra.
¿Estaríamos hablando de educación?
Opino que se está dando un mal uso a esta palabra. Este término se define por la intención del educador. En este caso, se está empleando el sistema educativo para manipular a las masas, parar instruir a una población con fines políticos y económicos. No se mira en ningún momento por el bienestar del educando, el individuo realiza la actividad impuesta como un objeto, como un elemento hecho a unos fines, sin posibilidad de cambio y de ser distinto.
Tanto en esas escuelas como en las de nuestro país existe una instrucción. Una difusión de conocimientos, creencias, comportamientos que se dan como óptimos. Sin embargo, la diferencia fundamental es el abuso de la relación asimétrica que existe entre el educador y el educando. Cuando se “Educa para la guerra” el alumno está sometido a las órdenes de su superior. Sin embargo en nuestros colegios, aunque existe una autoridad, se mira más por el bien del sujeto.

¿La educación dura toda la vida?

Todos sabemos que la educación toma un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad del ser humano, pero ¿qué ocurre cuando somos adultos? ¿Somos capaces de aprender? O lo que es aún más interesante, ¿somos capaces de perfeccionar nuestros pensamientos, actitudes, nuestras perspectivas ante la realidad, nuestro carácter? Hay muchas personas que lo dudan, y a mi parecer están engañados. Le explico:
Al igual que Dorothy Coskille, creo en la “capacidad de reeducación”, es decir, la posibilidad de mover los cimientos que definen nuestro comportamiento. Hay experiencias que pueden variar tanto nuestra vida, como la visión que tenemos de ella. Por ello, opino que la duración de la educación dependerá de las situaciones que pasemos en la vida, y lo que es más importante, cómo reaccionamos ante ellas.
Según Peters: “la educación es una actividad que dura toda la vida, porque siempre ampliamos conocimientos».

Para mí, la educación es tan finita como nuestro paso por el mundo. La durabilidad de la educación la decidimos nosotros.
Ser educador no es haber llegado a un destino.-Hesse-
Es cierto que hay personas que actúan y piensan de la misma manera desde que acabó su “etapa educativa/escolar”. Realmente, han limitado su capacidad innata de aprender.

Quien no es capaz de reeducarse, es porque no es consciente de esta posibilidad, o lo que sería peor, no quiere hacerlo. Tiene un carácter inamovible desde sus comienzos y se siente orgulloso de pensar y actuar como cuando tenía 20 años.
Que pena, si la vida es todo cambio, movimiento, caminar…

Para un ser consciente, el existir consiste en cambiar, en madurar, en crearse indefinidamente a sí mismo.- Henri Bergson-

El valor del contexto familiar

La pasada clase de Bases estuvo hablando sobre la importancia y repercusión que tiene el contexto familiar de los niños/as. En uno de los capítulos de El tacto en la enseñanza de Max Van Manen dice lo siguiente: “el contexto de la pedagogía se centra en las historias personales”.
En este punto el autor explica cuatro ejemplos que me impactaron mucho:
El primero era de un niño que había desaparecido durante toda una noche, los policías llamaron a la profesora para que estuviera informada y pudiera dar algún dato para facilitar la búsqueda. Ella dijo donde vivía su mejor amigo. Los policías encontraron al niño al lado de la casa de su amigo, dentro de una tienda de campaña. Estaba enojado porque no se llevaba bien con el novio de su madre. Lo peor de todo era el caso de su amigo. Los policías cuando entraron en el hogar vieron que sus padres eran unos alcohólicos y ni echaron de menos al niño.
El segundo caso es el de un niño de muy poca edad que se encuentra con una profesora que estaba en su jardín. Él se presenta, es muy risueño y le dice “no tengo padre y mi madre siempre duerme,… ¿la tuya también?”. Ella extrañada le dice que no. A continuación la pregunta que quien se encarga de hacerle la comida, y el niño responde orgulloso que su hermano de 6 años. Al día siguiente la profesora le cuenta el caso a una agente social del lugar. Esta la informa de que esa familia es muy conocida, el padre murió hace años y su madre es alcohólica.
El tercero trata de una maestra que da clases en una barriada marginal. Ve que una niña falta mucho a clase y las veces que se presenta no esta limpia ni peinada. La profesora decide que su clase participe en un concurso de cante entre los demás colegios. Su grupo gana. El director, orgulloso, decide fotocopiar el diploma para que todos los alumnos se lleven un ejemplar a casa, en ese momento la maestra aparece y pregunta por la niña que tanto falta “me apena que no halla participado. Estuvo ayudándonos mucho y sabia que día era el concurso”, a lo que le contesta el director “ya, si fuimos a por ella”. Resulta que fueron a buscarla a casa, cuando abrieron la puerta estaba en el pasillo, sangrando. El novio de su madre abusaba de ella.
Las historias personales inducen a la reflexión pedagógica.

La Pedagogía nos exige reflexionar sobre las vidas de los niños.

La pedagogía es sensible al contexto de las historias personales.

Los niños necesitan apoyo para llegar a ser independientes.


Estos casos son realmente entristecedores. Y lo que sería aún más lamentable es que nosotros como futuros educadores no seamos conscientes de estas realidades. No podemos entender el comportamiento del alumno sin antes conocer su situación personal.

Muchas personas les restan importancia a estos sucesos diciendo “hay niños en situaciones peores en otros países”. Nosotros no podemos conformarnos con este pensamiento pasivo y conformista. Los niños necesitan seguridad, estabilidad, dirección y apoyo, tanto de su familia como de su entorno cercano. No hay otra manera de cubrir dichas necesidades que mediante la comprensión y la cercanía emocional.

Profesores y p r o f e s o r e s

Vuelta a la rutina y me encuentro con la sorpresa que mis ánimos por empezar de nuevo se ven derrumbados en un momento. Al menos la primera clase me dio las fuerzas suficientes para encontrarme con lo siguiente. Os cuento.
Este cuatrimestre nos asignaron a un diferente docente para una asignatura y ¡qué deciros!, ¡tiene hasta sus propios mandamientos!
El 1º y no menos importante: «Amar a Luis por encima de todas las cosas», ¿previsible? No mucho.
Hay dos momentos importantes en la carrera «antes y después» de conocerme.
Quizás no se equivoque del todo. Aunque no se asemeja mucho a mi teoría «el momento más importante de la carrera es cuando decides aprender más fuera de ella».

Tuvimos que presentarnos: ¿por qué esta carrera?, ¿trabajas? ¡Qué paradoja! Hora y media más tarde otro docente me diría en contestación a que no podía asistir a algunas de sus clases «o se trabaja, o se estudia, o una cosa u otra, pero no las dos cosas a la vez «es que si no trabajo no podría estudiar», «no es asunto mio». No se si me molestó más lo que me dijo, o su modos… Sí, fueron sus modos. Menudo un maleducado.

Algunas veces me pregunto como es posible que en una misma instalación trabajen personas tan tan tan diferentes. Estoy a favor de la diversidad, pero algunas veces, no tanto.
Unos que les parece interesar nuestra situación o visión de las cosas (o al menos lo aparentan), otros que les parecen irrelevantes todos aquellos aspectos que no sea su disciplina.

«Respetar a todos y cada uno de ellos». Me parece bien empezar por ahí. No espero eso en mi carrera, ¡qué tontería!, somos ya adultos para esperar a un buen docente que nos de ejemplo de lo que debemos hacer ¿no?. Quizás tenga razón Luis: «en la facultad aprendes a no hacer todo lo que os enseñan». Habrá gente que piense que mediante presiones, exigencias y poco trato personal maduremos y seamos buenos maestros en un futuro. Como los que piensan que se aprende más superando malos ratos. Yo lo llegué a pensar en su día, ahora sé que es mentira.

No hay mejor manera de aprender en la vida que mediante experiencias positivas que te animen a dar el primer paso, a esforzarte, a animarte por lo que vas a llegar a ser y a tener tanta fuerza y optimismo que podrás superar cualquier obstáculo, por dificil que sea.

Una chica se quejaba del profesorado por no enseñarnos metodologías. No creo que ese sea el problema de nuestra facultad. Lo peor de todo es la falta de vocación de nuestros docentes. Parecen que estuvieran perdidos, desganados, desmotivados por su oficio, enojados con el mundo,… Es deprimente ver en lo que podemos llegar a convertirnos. Es muy deprimente.

Falta de entusiasmo, de profesionalidad, de perspectiva, de energía,…
La misma metodología durante años, desgana por aprender el nombre de sus alumnos, poca ilusión, prepotencia, infravaloración de las capacidades de sus educandos,…
«El principal objeto de la educación, como el de toda disciplina moral, es engendrar felicidad» W.M.Growing
¿Y qué pasa si el docente olvida que su profesión es básicamente moral?, ¿querrá engendrar valores o meros conocimientos?, ¿querrá crear personas buenas y sociales o los sabios que siempre desearon ser?
Realmente dudo que Luis Pumares escogiera magisterio por elección de su madre, y si fue así ¡menuda suerte! porque a mi parecer, esta destinado a serlo. Es raro ver a un hombre emocionarse por su trabajo pasados los años.

En fin, menudo día. Por una parte me emocionado en más de una ocasión escuchando a un docente hablar de nuestra profesión… por otra, me he hundido cuando otro profesor no me ha dado ninguna posibilidad de aprobar su asignatura por el hecho de trabajar, sin conocer mis circunstancias, ni creo que le interese…

Antes de poder dibujar en el lienzo, me quitaron el pincel. (nota mental: no hacerlo en un futuro ^^)

Formación inicial.

Después de unos días sin escribir, ni muchos ni pocos, era hora de ello. ¡Es que mi mano pide tregua en vacaciones!, en verano las neuronas se evaporan, en invierno se masifican y se enfrían… como la tinta de la pluma ¡cuánto le cuesta!
Tanto en julio como en diciembre, soy incapaz de terminar un libro, ¡ni siquiera de empezarlo! Que triste. Pero no hay problema, en poco tiempo volvere por Metropolitano… donde el camino hacia la facultad se hace tan interesante, cuando las ideas se organizan y tienen ganas de decirme cosas.
Ahora escribiré mi opinión personal de un artículo de Rosario Ortega, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba, «Formación Inicial».
Al igual que Rosario pienso que la escuela es un medio imprescindible para el desarrollo del individuo en la Sociedad. Debe difundir valores democráticos como la justicia, la tolerancia, la igualdad de oportunidades,…
Es cierto que se exigen muchas competencias al docente, pero tanto si hablamos de países desarrollados como si no fuera el caso. Las competencias variarán significativamente según las exigencias del país correspondiente.
En el caso de España, los profesores deben luchar contra el evidente retraso escolar. (¿Será por qué hace unos años nos estancamos en una dictadura?).
Respecto al problema que menciona Rosario, no le doy la razón en parte. Es cierto que en la facultad podemos encontrarnos tanto docentes acostumbrados a los “viejos vicios” como jóvenes innovadores. Pero esto no debe suponer un problema en la formación del profesorado, ni mucho menos que los docentes prefieran unas pedagogías o ideales a otros.
Cuanta más diversidad tengamos en la facultad más grande será el abanico de influencias.
Si algo he aprendido en la carrera es que si el docente en cuestión no me aporta argumentos contundentes o conocimientos sin bases científicas o coherentes, es el alumno quien debe buscarlo y aprender de ello.
Confesaré que he aprendido mucho más fuera de la clase, gracias a experiencias o libros relacionados con esta profesión.
Un profesor de facultad debe ser un guía para el alumno, es decir, que el alumno debe saber cómo emplear ese “manual” y en qué momento o circunstancia.