Visita al Inmaculada Concepción

Esta vez quería contar mi experiencia en el colegio Inmaculada Concepción.

Nada más llegar nos recibió Marta que se encargó de explicarnos el funcionamiento de los centros de Educación Especial y éste en concreto. Este colegio destaca por sus barreras arquitectónicas, ya que se trata de un edificio de unas 4 plantas que no tiene ascensor. Por lo tanto hablamos de un colegio de Educación Especial bastante especial, valga la redundancia.

Los alumnos que son integrados en el centro no tienen un grado elevado de discapacidad y/o deficiencia, debido a lo explicado anteriormente. No están en régimen de internado, y el horario de clase es semejante al de un colegio normal.

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la cantidad de recursos humanos que tienen: hay auxiliares, profesores de educación especial, logopedas, una fisioterapeuta, una enfermera, auxiliares de comedor,… Hay casi más profesionales que alumnos.

Vimos las diferentes clases y tuvimos la oportunidad de estar durante una hora con un grupo de 6 niños en el aula de informática. Cada una de nosotras tenía que estar a cargo de uno de ellos. A mi me toco cuidar de Nanger, sin duda alguna, ¡un encanto!. Estuve persiguiéndole durante toda la hora ya que no paraba quieto. Todo le llamaba la atención, el problema es que nada de ello le interesaba más de unos segundos, asi que se pasaba el rato de un lado para otro. Según Marta, aprenderá a hablar en breves, y tiene pinta que cuando lo haga no va a parar. Tiene mucha intención comunicativa, y lo demostró con creces.

Una de las cosas que más temía de esta visita era la reacción o sentimientos que podía tener al ver a los niños afectados. Quizás sería pena, lástima, compasión,… Sin embargo, cuando los vi, no pensé ni sentí nada de esto. Sentía lo mismo que cuando veo a cualquier niño en la calle, o en el colegio. Algunas veces me sentía inferior ya que era incapaz de comunicarme con ellos (en el caso de algunos síndrome de Down o  con retraso mental, empleaban un lenguaje de signos adaptado que no entendía). También en ocasiones me sentía confusa, no sabía como reaccionar ante ellos, no sabía como hablarlos, como contestarles, lo mismo que me ocurrió el primer día que me “enfrenté” a un grupo de niños de 5 años trabajando como monitora. Creo que es lo normal al encontrarnos en una situación nueva.

Más tarde cada una nos fuimos a una clase distinta. A mi me toco con un grupo de 1º de unos 4 a 6 niños. La mayoría tenían Síndrome de Down. A Pelayo le gustó mi reloj y se quedó a mi lado embobado mirando las agujas. A María le estaba aburriendo y me sacaba la lengua constantemente haciendo muestra de ello. Me alegré que ninguno de los presentes reaccionara mal ante mi presencia, supongo que es difícil que un día, así… ¡de repente! venga una chica que no conocen y cambie el transcurso normal de la clase.

Fue en esta clase cuando me di cuenta, de que no es mi ilusión trabajar en este campo. No es que no me gustara, sino que sería distinto a mis expectativas. A mi me gustaría enseñar más conocimientos. Soy una persona muy dinámica y me gustaría ver la evolución de mis alumnos a un ritmo más rápido. Me acuerdo de Carlos, un niño con autismo, no ha evolucionado nada desde que entró en el centro, a pesar del trabajo que realizan los educadores con él.

Como muy bien comentaste, cada uno reaccionamos diferente a las mismas experiencias. Mi reacción fue esa, me di cuenta de que estoy donde realmente quiero estar, y que me encantaría, en un futuro no muy lejano, dedicarme a la docencia en la Etapa Primaria.

Una cosa aprendí este día y fue lo siguiente, quien se dedica a la Educación Especial realmente le fascina este mundo y quiere participar en él. A mí me pareció una profesión muy difícil ya que requiere tanto competencia en este campo, como un carácter fuerte: personas que puedan llevar su función tanto educativa como emocional satisfactoriamente sin que esto interfiera a su vida personal. Como he comentado, no me importaría trabajar en estos centros, pero no sé si poseo la capacidad de realizar ese cargo bien y lo que es aún más complicado, que ello no me afectara.

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